martes, 19 de marzo de 2013

CAPITULO XIII.



EFEMÉRIDES DE LA NACIÓN CANARIA

UNA HISTORIA RESUMIDA DE CANARIAS

 

ÉPOCA COLONIAL: SIGLO XVI


Década 1531-1540

CAPITULO XIII.




Guayre Adarguma Anez’ Ram n Yghasen

 1533. Real Cédula de la potencia colonizadora que prohíbe el comercio (la venta) en los lugares de la Villa de Eguerew n Chinech (La Laguna-Tenerife) exceptuando las plazas del Adelantado y la Concepción.


1533. Se encontró la fábrica de la Catedral de Winiwuada n Tamaránt (Las Palmas de Gran Canaria) sin dirección. Fallecido Alonso Motaude, fue necesario nombrar un nuevo maestro mayor que continuara la obra y la llevase a feliz término. Recayó la elección en Juan de Palacios, que bajo los mismos planos quedó encargado de su ejecución, encomendándose la parte de carpintería al maestro Ruberto que trabajaba ya en la sillería del coro.

En tanto adelantaba la fábrica, servía de Catedral la iglesia o parroquia que ocupaba el sitio donde hoy se levanta la fachada posterior del templo. Así continuó hasta que el 10 de enero de 1536 se tomó por el Cabildo el siguiente acuerdo:

«Teniendo en cuenta que el templo que los SS. Capitulares difuntos habían empezado. no sería posible concluirse por la falta de medios y la miseria del país, y viendo por otra parte que lo que está hecho es muy suficiente para la población actual, se acordó mandar disponerlo y cerrarlo de manera que se pueda usar» .

Este deseo no pudo realizarse con la brevedad que la corporación indicaba, pues si bien
la nave central estaba concluida hasta el sitio que hoy ocupan los púlpitos, faltaban las capillas laterales y especialmente el cierre de la bóveda, que ofrecía grandes dificultades. El acuerdo fue, sin embargo, de mucha importancia, porque sirvió para activar los trabajos y señalar un término breve a su conclusión.” (Agustín Millares Torres; 1977, t. III: 78)


1533. Con la reforma pedida por los cabildos de la colonia se creaba un mayor número de parroquias de la secta católica, asentadas en los lugares más poblados de las islas, y se pretendía poner freno al absentismo eclesiástico señalando que los beneficios de Canarias deberían proveerse entre clérigos naturales o criollos de ellas.

A fin de garantizar que los beneficios de estas parroquias no fuesen concedidos a clérigos foráneos, la Corona de la metrópoli concedió a los cabildos amplias facultades en el examen de los candidatos que debían ocupar los beneficios que quedasen vacantes, privilegio que mantuvieron hasta 1670 en que los obispos católicos pasaron a controlar de nuevo la selección de los clérigos para los beneficios.

El número de beneficios parroquiales en la colonia se multiplicó a partir de entonces con la erección de nuevas parroquias en los lugares que iban adquiriendo mayor entidad; sin embargo, a lo largo de los siglos XVII y XVIII, la oposición del clero beneficial a nuevas desmembraciones que implicasen una reducción de su parte en la percepción de diezmos dio lugar ala aparición de un tipo de parroquias, cuyos curas no tenían derecho a las rentas de la parroquia matriz de su circunscripción.

Este clero parroquial sin dotación económica, que se ocupaba de servir el culto en las áreas más pobres, constituía el escalón más bajo de la red eclesiástica de la colonia.

Si a comienzos del siglo XVI el clero colonial de las islas se caracteriza por su bajo nivel cultural y social, como consecuencia del absentismo de los beneficiados que residen fuera de las islas y nombran curas sustitutos sin grandes miramientos sobre su instrucción en asuntos religiosos, a partir de mediados de esa centuria el clero parroquial
Procede por lo común de linajes de la terratenencia colonial asentada en el país, de forma que la ocupación de los beneficios más importantes va a constituir una salida idónea para los segundones de las grandes familias coloniales. El control de los concursos para la provisión de beneficios por parte de los cabildos otorgará a las oligarquías municipales de las islas un mecanismo idóneo para la acomodación de deudos y parientes. Las posibilidades de enriquecimiento gracias al disfrute de estos beneficios eclesiásticos católicos se ponen de manifiesto en las fundaciones de mayorazgos por parte de clérigos que han logrado amasar una importante fortuna a lo largo de su vida, a costa de los denominados feligreses que en la práctica era siervos de templos y conventos.

En cuanto al clero secular hay que señalar que algunas órdenes están presentes en la colonia desde tiempos muy antiguos. En concreto la orden franciscana participó activamente en la invasión y conquista de la colonia so pretexto de la evangelización de las islas, antes de la conquista de las denominadas islasrealengas  fundó el convento más antiguo de la colonia en la isla de Erbania (Fuerteventura), en torno a 1414. El desarrollo del clero regular se produce, sin embargo, entre los siglos XVI y XVII, siendo en estos siglos cuando se llevan a cabo la inmensa mayoría de las fundaciones de conventos y monasterios.

La orden religiosa de la secta católica más difundida en la colonia  fue la de San Francisco, que llegó a poseer 20 conventos masculinos y 6 monasterios de monjas clarisas. La razón que explica la extraordinaria difusión de la orden franciscana en las islas estriba seguramente en la rapidez con que logró constituir una amplia red de conventos a partir de los cuales se pudieron promover nuevas fundaciones. Los franciscanos habían erigido ya a mediados del siglo XVI uno o varios conventos en la mayoría de las islas ya finales de la centuria están presentes en todo el Archipiélago, llegando a fundarse conventos franciscanos hasta en lugares de escasa población como Adeje, Granadilla en Chinech o Teguise en Erbania.

La orden de predicadores tuvo también un desarrollo notable en Canarias con un total de
13 conventos masculinos y 4 conventos de monjas. Los conventos dominicos dirigieron su función desde comienzos del siglo XVI hacia el control de la enseñanza. Los estudios de Filosofía, Latinidad y Gramática que impartían los dominicos en sus conventos les permitieron ocupar una función esencial en la formación de las élites de las islas, función que no pudieron arrebatarles los jesuitas, que tuvieron un escaso y tardío desarrollo en el Archipiélago.

La orden de San Agustín fue la menos difundida en el Archipiélago, pues de sus ocho conventos masculinos, siete estuvieron radicados en Tenerife, de manera que hasta la segunda mitad del XVII los agustinos no contaban con asentamientos  en las demás islas.

El desarrollo de las órdenes regulares en las islas llegó a ser tan espectacular que a fines del siglo XVII había 58 conventos en Canarias. En su mayoria se trataba de comunidades pequeñas, pero allí donde hallamos conventos ricos, asentados en pueblos de importancia, podemos hallar comunidades de 50 religiosos y aun más. Aunque llegaron a fundarse conventos en lugares entonces minúsculos como el pueblo de Hermigua en la Gomera, el exceso de clérigos regulares es patente sobre todo en Tene-
rife, donde se estableció la mayor parte de los conventos de monjas y frailes del Archipiélago.

Las quejas por la proliferación del clero regular son patentes ya en la segunda mitad del siglo XVII, pues las rentas de los conventos agobiaban a los pueblos y el alto número de religiosos restaba brazos útiles a la agricultura. La imagen popular del fraile perezoso y pedigüeño se puede detectar ya en aquella época. El Cabildo tinerfeño se quejaba a mediados de la centuria del excesivo número de conventos que «...traía cautivada casi toda la hacienda de la isla con sus tributos y capellanías...», añadiendo que muchos de los que tomaban el hábito lo hacían por no trabajar y sustentarse gratis en el convento, por lo cual la virtud de los frailes dejaba mucho que desear.

El desprestigio que afecta al clero regular a partir de mediados del siglo XVII no sólo estaba fundado en su escaso nivel cultural, sino que derivaba también de la condición social de los frailes. La mayoría de ellos eran hijos de campesinos o trabajadores urbanos, que buscaban en el ingreso en el convento una oportunidad para asegurarse la subsistencia y salir de su miseria. Esta circunstancia, unida a la falta de una preparación
mínima en asuntos religiosos, ahondaba en el desprestigio que estaban adquiriendo entre las élites. Por el contrario, los franciscanos y dominicos tenían un amplio ascendiente sobre las masas campesinas. Identificados por su propio origen social con los elementos sencillos e incluso supersticiosos de la religiosidad popular, los franciscanos y dominicos estaban más cerca de las clases populares que el propio clero parroquial.

Contrariamente, el carácter social del clero regular femenino es completamente diferente. Los beaterios surgieron en Canarias como una exigencia aristocrática a fin de disponer de instituciones donde recluir a las jóvenes que no disponían de un matrimonio conveniente a su status. Es por ello que la mayor parte de los conventos de monjas surgen en el siglo XVII, cuando el proceso de aristocratización de la terratenencia de las islas está muy avanzado; además estos conventos se instituyeron sólo en las localidades más importantes, donde residía la terratenencia y las diversas órdenes religiosas podían ejercer cierto proselitismo entre las familias aristocráticas.


A los enfrentamientos tradicionales entre órdenes religiosas se unió la competencia con el clero secular, cada vez más aguda cuando los frailes vieron limitadas sus posibilidades de crecimiento económico debido a su desprestigio ante la élite terrateniente. El intento de los frailes de ocupar aquellas funciones religiosas que no quería o no podía desempeñar el clero parroquial (predicando y oficiando misas en las ermitas de los barrios más alejados, promocionando santuarios populares y celebraciones festivas en los parajes rurales, instigando la religiosidad popular en bene- ficio del convento) era una forma de competencia social y económica del clero regular ante la crisis económica de finales del siglo XVII. Abandonados por los arruinados patronos aristocráticos que habían propiciado las fundaciones en fechas anteriores, los frailes se lanzan a la captación de misas de difuntos, limosnas de los fieles y oficios de entierro, amenazando con estrangular una de las fuentes de ingreso del clero parroquial. (Juan Ramón Núñez Pestano; 1991)

1533 Marzo 19.
En la ciudad de Wguerew (La Laguna) nace el criollo José de Anchieta, sacerdote católico de la secta de los jesuitas.

Hijo de padres profundamente piadosos, como todos los de su tiempo, el capitá Juan de Anchieta, originario de  familia de colonos guipuzcoana, establecida en Tenerife a raíz o con ocasión de su conquista, y de doña Mencia Díaz de Clavijo, natural de Canaria, no es extraño que el futuro taumaturgo de Indias, se sintiese llamado de una manera especial a las prácticas devotas y religiosas en su grado más alto y austero.

Dotado, además, de grandes disposiciones para el estudio, fué, a lo que parece, enviado por sus padres a estudiar a la famosa Universidad de Coimbra de Portugal, donde atraído por el ardiente celo que desplagaba la naciente Compañía de Jesús, pidió su ingreso en ella hacia 1550 cuando sólo contaba la temprana edad de diez y siete años, pronunciando sus votos solemnes en la catedral de aquella misma ciudad, tres años más tarde. Poco después, recibió la orden de sus superiores dé partir, en unión de seis religiosos de la Compañía, para la colonia portuguesa del Brasil, más tarde unida al cetro de Felipe II.

Fruto de sus afanes y observación, en medio de los peligros y de las preocupaciones de sus  misiones, fueron, una Gramática- y un Diccionario, que tanto facilitaron el conocimiento de los idiomas indios de aquella vastísima región brasileña y que hoy constituyen un monumento filológico de gran valía. Estos servicios a la lingüística prestados también por otros religiosos pertenecientes a distintas órdenes,  para el progreso de la ciencia filológica.

El talento del P. Anchieta no se circunscribió a los estudios teológicos y filologicos tan solamente, sino que fué un literato muy distinguido, como lo demuestra con su Poema Marianum, en el que su númen poético le inspiró una gran belleza de profundidad y trama en sus admirables y sentimentales páginas. A este criollo canario excelso, apóstol impasible de fé poderosa y extensa inspiración, le  cupo la honra de ser el fundador en Piratininga del primer colegio de su Instituto, religión ésta que tan buenos y excelentes servicios habían de prestar en Nuevo Mundo, sobre todo en sus inimitables Estaciones del Paraguay.

Agobiado su cuerpo, aunque no su espíritu, por toda una vida de constante estudio, sacrificios y abnegación en beneficio de aquellos  indígenas, falleció el 9 de junio de 1597.

1553 Junio 16.
Don Carlos y doña Juana ordenaban a los gobernadores, a petición del mensajero Juan de la Rosa, que no pusiesen obstáculos a la marcha de los navíos que vinieran a comerciar a las islas Canarias.

En orden al comercio exterior, merecen también ser mencionadas las Reales cédulas de 18 de noviembre de 1547 y 7 de septiembre de 1549, por las que se autorizaba el comercio de vinos con el extranjero, lo que quizás, pruebe que hasta entonces estaba prohibida su exportación para atender al mercado de las Indias, cosa que ahora no pr-eocupaba, dado el portentoso desarrollo de los viñedos. De todas maneras, el comercio de vinos con los países europeos es anterior a esta fecha, y de ser cierta la prohibición, éste se realizó de manera clandestina.

Un documento del Archivo de Indias concerniente al año 1541: el informe enviado a la Casa de Contratación por el maestre Francisco Sánchez, llegado a Santa Cruz de La Palma el 2 de septiembre, nos revela cómo se hallaban en aquel momento cargando vinos varios navíos franceses, y cómo, tuvo relación de que otras ocho embarcaciones realizaban igual faena en Gran Canaria. (En: A. Rumeu de Armas, 1991)

1533 Noviembre 21.
1.344-5.-Alonso de Belmonte, bachiller. «Don Pedro Bernandes de Lugo, Adelantado. ..digo que por aver sido informado q. muchos vecinos del lugar de Ycoden de los Vinos tenían e poesían tas. de viñas e parrales ansí de r. como de s. en el dho. lugar de Ycoden e sus términos, no les perteneciendo,.sino a mí, por gracia, merced, donación q. en el dho. Ycoden y heredamientos dél e otros heredamientos e aguas dellos, los Católicos Reyes hizieron al Adelantado mi señor e padre, q. santa gloria aya. E por tenerlos e poseerlos sin título del dho. Adelantado mis s. e. p., ni mío e por tener más de los les fue dado, les fue movidos pleitos por mi mandado, los cuales pleitos están pendientes. e por quanto ansí mismo me fue certificado los mismos pleitos e demandas pudiéramos poner e intentar contra vos bachiller A. de B., e por las mismas cabsas e razones, por tener e poseer en el dho. lugar de Y coden e sus términos tas. e solares e aceña e viñas e parrales de r. e de s.; e aun se publicó q. ansí tendría o quería hazer, lo qual nunca Dios quiera, porque el dho. Adelantado e padre a doña Inés de Berrera, mi muger, e yo sienpre avemos deseado vuestro acrecentamiento por lo mucho q. servistes al dho. Adelantado, mi padre, como a la dha. doña Inés de Berrera, mi muger, e a mí, e aun acatando el mucho amor q. a vos el dho. bach. A. de B. e a vuestro muger e hijos tenemos, atento lo qual» [le confirma todo y renuncia a toda reclamación]. [Versos: ]

«Otrosí dezimos q. por quanto avemos sabido q. el lugar e sitio do tenéis edeficada la dha. aceña, vienen e an venido muchas avenidas, por las quales muchas vezes se a inpidido la molienda de pan q. en la dha. aceña muele, del q. vos a venido daño y espera venir y recrecer mayor, acatando lo qual e queriendo hazer bien e merced e acrecentar la dha. donación, vos damos licencia para q. en el dho. lugar do está la dha. aceña lo podáis reedificar o acrecentar e reparar e hazer otra si quisierdes en el dho. Ycoden para q. muela e pueda moler con el agua anos pertenesciente con q. la dha. Aceña a molido e muele oyen día ...Yo el dho. Adelantado e la dha. doña Inés de Herrera lo firmamos de nuestros nonbres ...Sant X val. de La Laguna ...[s. f.]; con tanto q. si la dha. aceña ovier-
des de haser ...en otra parte ( sea sin perjuicio del agua e hazienda) [interlineado] a de ser de tal manera q. la dha. agua venga tanto aprovechado como oyen día viene ala dha. vuestra aceña abn q. para ello sea menester faser canales nuevas las quales an de ser hechas a vuestra costa en ansí mesmo todo el q. fuere menester para sienpre tenerlas estancas de manera q. el agua no se pierda. Fecha ut supra. El Adelantado. Doña Ynés de Herrera» [autógrafos]. 21-XI-1533 los dhos. señores Adelantado y la Sra. Da Y. de H., su mujer, otorgaron anti mi Alonso Gutierres, escr. de SS. MM. e público, esta alvalá e doy fee. Ts. el Sr. don Alonso Luis de Lugo e Pedro de Robles. 20-IX-1565
presentolo Bartolomé de Ponte, vo y regidor. (Datas de Tenerife, libros I al IV)


1533 Diciembre 5. A partir de carta real de la metrópoli de esa fecha la provisión de los beneficios eclesiásticos vacantes, que se cubrían por concurso oposición, ante tribunal presidido por el vicario y compuesto por dos regidores, dos ciudadanos y dos beneficiados, con preferencia, en igualdad de condiciones de los criollos del país y dentro de ellos a los pilongos. El tribunal elevaba propuesta al rey de dos nombres por cada vacante, entre los cuales se hacía el nombramiento. Este sistema, que contaba con la decidida oposición de los obispos, perduró hasta el 1670.

Preocupaciones destacadas lo eran para el cabildo colonial las de orden religioso: la necesidad de sacerdotes de la secta católica, el combatir el absentismo de los beneficiados que en un comienzo nombraron los reyes en quienes se limitaban a cobrar las rentas, sin aparecer por las islas y encomendaban los servicios a tenientes suyos. El entredicho puesto a la ciudad por delito cometido por uno de los regidores.


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