sábado, 20 de abril de 2013

CANARIAS LACERADA, II- VI







ALZAMIENTOS Y MOTINES CONTRA LA  REPRESIÓN COLONIAL EN CANARIAS

Capitulo XII



Eduardo Pedro García Rodríguez



1851 julio 21: Relacionado en el motín de las papas el expediente del ayuntamiento colonial de winiwuada (Las Palmas de Gran Canaria) acerca del estado de las cosechas de papas y granos de la isla, cuya apertura fue certificada el 21 de julio, se puso en marcha a finales de mes y los despachos comenzaron a recibirse entre el 3 y el 11 de agosto. De los 35 dictámenes que llegaron procedentes de 17 municipios (fallaron los de Teror, Valsequillo, San Bartolomé, Santa Lucía y Artenara), hubo 17 favorables a la libre exportación, cinco que la aceptaban con algunas condiciones, siete en contra y otros ocho sin pronunciarse por dudas y vacilaciones.

Las negativas correspondieron a las municipalidades de San Lorenzo, Valleseco, Mogán y Tejeda.

Los alcaldes de Agaete y de la Aldea de San Nicolás optaron por abstenerse, lo mismo que el beneficiado de aquel término, el cura de Guía y otros cuatro particulares (la condesa de la Vega Grande, Miguel Massieu en Jinámar, José de Quintana en Firgas y en La Aldea Policarpo Alemán, que acudió para informarse al administrador del mayorazgo de los marqueses de Villanueva del Prado). Por una admisión condicionada de la libertad de tráfico estuvieron el primer munícipe de Guía, el terrateniente Agustín Manrique de Lara, el comisionado regio de agricultura Francisco María de León y Falcón, Francisco Pérez en San Mateo y Leandro Sánchez en Las Palmas.

La mayor parte de las corporaciones, con las de superior peso, apostaron sin cortapisas por el librecambio: las alcaldías de Telde, Arucas, Gáldar, Firgas, Moya, Santa Brígida, San Mateo, Agüimes e Ingenio, acompañadas por el cura de Moya, el párroco interino de Santa Brígida, el coronel Ruperto Delgado González desde su Hacienda de San Fernando y los vecinos José Antonio Rivero en Arucas, Mateo López del Valle en Gáldar y José Rafael Pérez Naranjo en Ingenio. (Agustín Millares Cantero)

1851 agosto 2: Como consecuencia del denominado motín de las papas en winiwuada Tamarant en esa noche fueron detenidos cuatro sujetos por la ronda que recorría «la parte de Triana» y el alcalde corregidor accidental los puso a disposición del juzgado. Al día siguiente pidió Díaz al gobernador militar que le prestase los auxilios oportunos para no «verse desairada la autoridad y hasta cierto punto alentados los alborotadores»

1851 agosto 3: En bando del Ayuntamiento colonial de winiwuada (Las Palmas de Gran Canaria), durante el motín de las papas. Entre otras disposiciones, obligaba a despejar las calles en el supuesto de repetirse las intemperancias, prohibía toda reunión en las vías públicas, especialmente por las noches, y encomendaba a los párrocos el cierre de los templos a fin de «evitar que los revoltosos se apoderen de las campanas»

Por otro lado, en el homónimo impreso del 8 siguiente la alcaldía-corregimiento accidental pretendió deshacer la “refinada hipocresía” de los falsos patriotas, que «han abusado y abusan de la credulidad de las personas más sencillas y pacíficas», intimidando a los “intrigantes” y “malévolos alborotadores” con todo el peso de la ley.

Esta inducción conspirativa, que el criollo e intelectual Chil y Naranjo compartió plenamente, no sólo dio entrada a la maquinaria represora colonial. Los matriculados del mar que protagonizaron los disturbios estaban inmersos en un paro casi general que los dejó al borde de “la mayor miseria, que les hubiera hecho perecer de hambre a no ser por el socorro que diariamente la municipalidad les suministra”. Por ello exhortó Díaz al gobierno civil colonial la concesión de fondos por parte de la comandancia de Marina hasta que se reanudaran las faenas, aparte de inversiones en obras públicas para la fábrica del Hospital de San Lázaro, la continuación del camino de Tafira o la apertura del provincial desde Las Palmas a Gáldar.

1851 agosto 4.
La agricultura de mercado interno y de autoconsumo sobrellevó en Tamarant (Gran Canaria) durante los meses de la epidemia colérica bastantes sinsabores por la sequía o las plagas, de los que muy pocos municipios escaparon. Si la mortalidad catastrófica redujo los consumidores, no por ello mejoró en demasía el destino de los supervivientes. El alcalde teldense Juan Mireles, quien contó con el parecer de algunos de sus administrados, expuso el 4 de agosto que, a pesar de las pérdidas humanas y económicas ocasionadas por el cólera, la jurisdicción producía suficientes papas para el consumo local y para expedir de 500 a 600 fanegas. En el puerto de Melenara, no obstante, hubo según ciertos indicios alguna oposición «con mano armada» a los embarques el mismo día, obligando al alcalde de mar a requerir la protección del comandante de las armas (un cabo y cuatro soldados)

A principios de septiembre, el propio regidor Jerónimo Navarro reconocía en la capital colonial insular que, «a causa del monopolio» que algunos detentaban en la extracción de papas, podrían haber escaseado en la recoba durante los último días de no mediar las diligencias municipales.

 El vicepresidente de la Junta de Comercio estipuló así las contradicciones del librecambio, a menos de un año de distancia del real decreto del criollo Bravo y Murillo. Los marineros de la ciudad que habían alentado las conmociones del 21 de julio y del 2 de agosto las padecían mayormente en sus propias carnes, inmersos en el síndrome del hambre de 1846-1847. Y los artesanos conservaban ese hálito un lustro después, en el amanecer de las franquicias.

Las agitaciones palmenses de mayo de 1856, silenciadas por el criollo e historiador Millares Torres, tuvieron en Chil y Naranjo su único analista gracias a las páginas inéditas de los Estudios. Nos encontramos aquí ante dos típicos motines de subsistencia colindantes, réplicas a un fuerte encarecimiento de los artículos de primera necesidad, que hicieron presentir la reproducción de las hambrunas previas a los puertos francos.

1851 agosto 7: Autorizó el ayuntamiento de winiwuada (Las Palmas) durante el motín de las papas «por ahora» la expedición de 1.200-1.400 fanegas de papas de Rey (incluyendo las de Gaspar Medina Báez), más otras 600-700 de Rolo. Los embarques se realizaron sin contratiempo alguno entre el 9 y el 13 con la custodia de efectivos militares de las fuerzas españolas de ocupación.

1851 agosto 8: Expediente sobre que se permita..., oficios del alcalde al administrador de Rentas (8 de agosto) y al gobernador civil (9 y 12 de agosto). El acuerdo tomado por el ayuntamiento colonial el día 7 decía así: “Visto un oficio del Señor Gobernador de la Provincia, disponiendo que de ninguna manera se impida el embarque de frutos, ínterin las circunstancias no demanden otra cosa; se determinó estar a lo acordado en sesión del 21 del mes próximo anterior, pasar a la comisión el expediente mandado instruir, y que se halla adelantado, para que se proponga su dictamen, y que el Señor Alcalde-Corregidor esté a la mira para que con el pretexto de esta insignificante extracción no se alcen indebidamente los precios de los artículos de primera necesidad”. Libro de Actas, sesión del 7-VIII-1851.


1851 agosto 10. Motín de las papas: “Allí quedó mancillada la autoridad, allí se cometió un gran crimen y allí en fin quedaron desairadas las armas de Su Majestad». En contraste alabó el «celo» y la «eficacia» de Ignacio Díaz. Oficio del gobernador civil Antonio Halleg al teniente primero y alcalde corregidor accidental, Santa Cruz de Tenerife, 10-VIII-1851.


1855 mayo 7. Motín. El millo comenzó a escasear en Gran Canaria durante los primeros días del verano y los fuertes aguaceros y vientos de finales del otoño y comienzos del invierno serían desastrosos. En la primavera de 1856 la alhorra atacó al trigo, el oidium a las viñas y la lagarta al millo.

Las únicas cifran que reflejan el encarecimiento aparecen en el artículo que tomó de  La Reforma del 7 de mayo, de las cuales se deduce que la fanega de millo subió de 40-45 rvon. a 75 rvon.; la de papas de 25-30 a 45 rvon., y la libra de pan de cinco a ocho cuartos; el trigo alcanzó los 75 rvon., por fanega, aunque la tasación del pan entrañaba los 105 rvon.

Allí leemos que la proliferación de “algunos robos y raterías” era «síntoma que demuestra de una manera terminante la miseria y consiguiente degradación de la clase proletaria...”. Ateniéndonos a los promedios mensuales calculados por el gobierno civil, el cereal comestible por excelencia llegó a su cenit en el mes de mayo precisamente.

La amplitud del precio medio del trigo entre enero de 1855 y septiembre de 1856 fue en Santa Cruz de Tenerife del 14 por 100 y en Las Palmas del 20 por 100; la del de la cebada, respectivamente, del 16 y del 31 por 100.

1856. Con motivo del motin de las papas y el pan el Ayuntamiento Constitucional de Las Palmas. Año de 1856. Expediente instruido a consecuencia de la pérdida de la cosecha “Que si las papas se exportaran para la América o para el Extranjero, V.I. tratara de impedirlo, enhorabuena, a pesar de que siempre lo condenarán los buenos principios de la economía, pero negar absolutamente la licencia de extraer las papas dentro de la misma provincia, los que suscriben sin faltar a la consideración y respeto que se merece V.I. y que le tributan, creen que no está en sus facultades. (...) La razón, la beneficencia y la humanidad claman contra una disposición tan tiránica”. Los firmantes eran Gaspar Medina, Bartolomé Curbelo, Francisco López, Miguel Cabrera, José Medina, Francisco Espino, Lucas Medina, Manuel Hernández, Andrés Bolaños, Pedro Santos, José Casimiro, José Espino Díaz, Francisco Suárez, Miguel Cabrera Caraballo, Salvador Rodríguez, Blas Santos Yánez, Antonio Artiles, Domingo Marrero y Juan de Alvarado.  Libro de Actas.

No hubo delegaciones del Gabinete ni del Liceo. La Económica estuvo representada por Miguel Massieu y Tello y Antonio López Botas; la Junta de Comercio por Jerónimo Navarro, Luís Inglott y Juan Hernández Talavera, y la Junta de Agricultura por Domingo José Navarro. Sólo comparecieron seis de los nueve vecinos previstos: Vicente Suárez Naranjo, Rafael Massieu, Serafín Zumbado, Tiburcio Miranda, José Medina y José Cecilia de Santana.  Libro de Actas..., sesión del 14-V-1856.

1856 mayo 9.
En relación al motín, los artesanos de winiwuada decidieron: “Encarecer al gobernador civil de la provincia que se pusiera en contacto con los de Cádiz, Sevilla, Málaga, Pontevedra, Santander y Palma de Mallorca, para que a través de los  Boletines Oficiales incitaran al comercio a transportar cereales a las Islas; oficiar a los alcaldes de Telde, Agüimes, Valsequillo, San Bartolomé de Tirajana, Arucas, San Lorenzo y Aldea de San Nicolás, recomendándoles que informasen a sus labradores «la notable estimación» que en la capital insular tenían el trigo, el millo y las papas y «haciéndoles ver las ventajas que conseguirán si en vez de vender estos frutos a los especuladores a un mediano precio, los reservan y ocurren a venderlos a esta población»; y finalmente, «que se prevenga al celador de policía que recorra todos los días los caminos que dan entrada a esta Ciudad e impida que los revendedores se hagan con los comestibles y cereales que se conducen a esta plaza para su consumo, y haga que éstos vayan a ser expendidos al mercado público por los mismos que los traen a vender, con cuya medida se podrá reprimir el monopolio que se nota». Los regidores de abastos debían poner «el mayor celo y eficacia para impedir y corregir los abusos y fraudes».  Libro de Actas..., sesión del 9-V-1856.

1856 mayo 11. Motín de las papas en winiwuada: “El portavoz argumentó entre otras cosas que «la clase no acomodada está sufriendo bastantes penurias, viéndose en los conflictos que son de inferir», señalando que el desabastecimiento era obra de «los manejos» de los especuladores que acaparaban granos o los extraían en «gran porción».
Zumbado contó «que habiendo comenzado a venderse una partida de mi- llo al precio de cinco pesos fanega, partida que fue negociada aquí mismo a cuatro y medio pesos, de un momento a otro se subió aquel precio hasta cinco y medio pesos sin otro motivo que la prontitud con que se expendía». Libro de Actas..., sesión del 11-V-1856,

“El Jefe Civil estaba en el campo y por lo tanto el Ayuntamiento tuvo que obrar por sí solo. Ahora espero el latigazo del Gobernador de la Provincia, pues parece han ido muchas exposiciones del comercio contra tal medida, y lo que se debe sentir es que si por ahora se contradice aquella disposición hayan algunas desgracias, porque según parece la gente a eso está dispuesta. En este momento está diciendo el Portero Bautista que en casa de Suárez el Alcalde está Serafín y una porción de artesanos, no sabe con qué objeto; hoy a la una hay Ayuntamiento, veremos a ver en qué paran estas cosas». Carta cit. de Prudencio Morales. El subdelegado de Marina, José Clavijo, notificó el día 12 haber dado cumplimiento a la prohibición de los embarques.

«Y por último que se oficie además a los mismos Alcaldes pidiéndoles noticias de las existencias que puedan haber en sus pueblos, estado de la cosecha y cuál será aproximadamente el producto de la misma». Igualmente fue leída una comunicación del secretario de la jefatura civil del distrito, Miguel Béthencourt Sortino, en torno a «los grupos que circulan por esta población en estos momentos», indicando de conformidad con las instrucciones recibidas que se deliberase sobre sus motivaciones. «Por de pronto se me ocurre —decía el secretario—, que V. I. debe ejecutar su influjo y autoridad, a fin de que esté el mercado bien provisto, y en atención a la alhorra que ha caído sobre los cereales, tomar todas aquellas medidas legales que, sin perjuicio al labrador, concilien en lo que sea dable los intereses del consumidor».


1856 mayo 13.
Con relación al motín, “Ya hacía muchas noches que varios grupos de artesanos recorrían la población presentándose unas veces al Jefe [civil], otras al Alcalde, pidiendo se prohibiese la extracción de papas y cereales, atendido el subidísimo precio que tienen y la mala cosecha que se presenta. Efectivamente el trigo está a cinco y medio pesos fanega y al mismo precio el millo [82,5 rvon.], pero las papas si bien estuvieron hasta dos libras y media por fisca, ya en el día están hasta siete y ocho”. Prudencio Morales a Laureano Hernández, Las Palmas, 13-V-1856.

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