miércoles, 19 de junio de 2013

LA PENETRACIÓN CRISTIANA EN GÜÍMAR







Eduardo Pedro García Rodríguez
Generalmente las conquistas de unos pueblos por otros suelen ir precedidas de avanzadillas religiosas que actúan como puntas de lanzas. En el caso de Güímar, las puntas de lanzas estuvieron en manos del cristianismo, esta confección religiosa había puesto sus miras en el Archipiélago canario desde tiempos remotos. La Santa Sede erguida en árbitro de los pueblos y secundada por las turbas fanáticas cristianas europeas, decide expoliar y esclavizar las Islas Canarias. Para ello, y fuera de toda ley natural, comenzó regalando el País con la misma facilidad con que se concedía una indulgencia. El Papa Clemente VI, erige en reino a las Islas Canarias, y concede los derechos de conquista de las mismas al Almirante francés Luís de la Cerda, con el título de “Príncipe de la Fortuna” en 1344.

En la isla de Mallorca, (España) se crea una Cofradía con el fin de recabar fondos con que enviar un grupo de misioneros a evangelizar las Islas, entre ellos se contaban los mercaderes (traficantes de esclavos) Juan Doria y Jaime Segarra, (1351) con el beneplácito del Papa Clemente VI. “Los misioneros” contaban con la valiosa colaboración de doce neófitos indígenas guanches que habían sido victimas de los esclavistas en anteriores razzias de éstos piratas. El instaurador del “Reino de la Fortuna” Clemente VI, erigió las Islas del Atlántico en Diócesis misional por medio de la bula Coelistis rex regum. (1351) preocupándose por su auge los pontífices Inocencio VI, y Urbano V. La Diócesis se erigió en Telde, Tamarant (Gran Canaria), perviviendo por espacio de medio siglo. Se conocen hasta cuatro Obispos, Bernardo, 1351; Bartolomé 1361; Tarín 1369 y Jaime Olzina 1392. A partir de 1404, Benedicto XIII por la bula Apostolatus qfficium, elevó las operaciones de la conquista de las Islas Canarias, al rango de cruzada, pero esto no evitó que las Islas continuasen siendo asaltadas por los depredadores y esclavistas europeos.

La Diócesis de del Rubicán (Lanzarote) se estableció en 1404, y el primer convento minorista en 1414. La mayor parte de los guanches de las Islas Orientales estaban supuestamente cristianizados hacía 1423, Titoreygatra (Lanzarote, y Erbania Fuerteventura) sometidos a la jurisdicción del provincial de Castilla, quien debía confirmar a los vicarios después de ser electos misioneros. El Pontífice Benedicto XIII da testimonio de ello por medio de la bula Ulitis celesti agricole, 20 de noviembre de 1424.

A pesar de los esfuerzos por cristianizar a las Islas, estos se veían obstaculizados por la pervivencia de la esclavitud de los infieles, (importante fuente de ingresos económicos) defendida por un grupo compacto de doctrinarios entre los que figuraban Egídio Romano y Enrique de Sousa, y combatida por una minoría de penetrantes teólogos al frente de los cuales estaban Inocencio IV, Santo Tomás y Agustín de Ancona. La curia pontificia adopta en 1434 una postura intermedia que, para el momento supuso un decidido progreso.

El cambio anterior se operó debido a los informes enviados a la corte pontificia sobre la verdadera situación de los guanches, con el apoyo del Obispo del Rubicón (Lanzarote) Fernando Cálvetos, y por testimonio directo del misionero fray Juan de Baeza, minorista, y un lego Guanche, Juan Alfonso Idubaren. Eugenio IV, proclamó la libertad de los Canarios, pero la historia nos muestra que tal libertad no fue respetada en absoluto por los mercenarios esclavistas europeos, a pesar de la bula Regimini gregis expedida contra los piratas cristianos el 29 de septiembre 1434. El primer establecimiento firme de los frailes en la isla de Chinech (Tenerife), tubo lugar en el Valle de Güímar, más concretamente en Candelaria en los alrededores de la Punta de los Guanches. El ministro general de la orden franciscana fray Jaime de Zarsuela (elegido el 20 de mayo de 1458) impulsó el eremitario de Tenerife, el cual debía estar sometido a directa jurisdicción. El principal misionero fue fray Alonso de Solanos, quien había conseguido medio catequizar a un buen número de guanches güimareros. Se sabe por expresa declaración pontificia que el núcleo misionero en el Valle de Güímar lo componían tres frayles, y hasta es dable identificar a otro, fray Masedo. Acaso fuese el tercero fray Diego de Balmanua. De los tres hay constancia de que vivieron entre los guanches y que predicaban en la lengua de nuestros antepasados, (bula decet apostolicen sedem (1462). Bullarium, tomo U, núm. 798, página 512). El segundo personaje interérasado en mantener el ermitaño de Güímar fue el Obispo del Rubicón Diego López de Illescas. Éste patrocinio se extendió a fray Alfonso de Solanos, como cabeza visible del núcleo güimarero. Dicho prelado se erigió en defensor del misionero contra las tropelías del vicario de Canarias fray Rodrigo de Utrera, acudiendo con sus quejas en 1461 ante la propia corte pontificia. Se conocen estos incidentes por la bula Decet apostolicam sedem, 1462, del Papa Pío II. Para que la nueva comunidad tuviese los recursos económicos necesarios, Pío II, por la bula Pastor bunus (7 de octubre de 1462) concedió una amplia indulgencia en beneficio de los cooperadores en la conquista de las Islas, al tiempo que fulminaba de nuevo con la excomunión contra los cristianos piratas esclavistas europeos que asaltase y vendiese a los guanches como esclavos, si no les restituían inmediatamente la libertad, lo que una vez más, quedó en aguas de borraja.

Una bula posterior del Papa Paulo II, la Docet romanorum pontlficen (1465) nos informa de manera indirecta de que por esta data fray Alfonso de Bolaños ejercía autoridad como vicario sobre Guinea Islas del Atlántico y algunas de las Canarias.

En 1465 Diego García de Herrera, verdugo y señor de las Islas Canarias sometidas, en carta dirigida al Papa Paulo II, expone sus quejas sobre el comportamiento de Bolaños, ya que según Herrera...fray Alonso de Bolaños abusaba de sus privilegios, proponiendo sustituirle por fray Diego de Balmanua, misionero que conocía la lengua de los isleños...y que naturalmente, era afecto a su persona A esta etapa de penetración cristiana en la isla  Chinech (Tenerife), aluden con reiteración los testigos de la famosa información de Cabitos. (1477) El propio señor y verdugo de Canarias, Diego García de Herrera, confiesa, por pluma de su procurador, que: “el Obispo de las dichas Islas ha estado en las Islas e sus clérigos; e en la dicha isla de Tenerife han entrado azas veces frayles e tienen su iglesia e hay en ella asaz gente bautizada”.

La iglesia a que hace referencia Diego García de Herrera, es la cueva de Achbinico o de San Blas, que después de la conquista albergó la primera parroquia del Valle de Güimar, extremo éste que está ampliamente recogido en los protocolos de Sanche de Urtarte.

En alguna ocasión también la cueva había servido de posada al conde de la Gomera. Al igual que Pío II, Sixto IV se apresuró a expedir la bula Pastori aeterni, 29 de junio de 1472. El pontífice minorista se declara entusiasta y ardoroso campeón de la conversión y sometimiento de los indígenas guanches y sus hermanos continentales, depositando toda su confianza en fray Alfonso de Bolaños para el desempeño de la misión. Con este objeto erigía la nunciatura de Guinea siendo designado nuncio y comisario el mencionado frayle quedando bajo su dependencia espiritual la isla  Chinech (Tenerife), los territorios de África y Guinea, con lo que tenemos que la isla Chinech (Tenerife), contó con nunciatura  siglos antes de contar con obispado.



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