viernes, 19 de julio de 2013

CAPITULO XIII-XIII




FEMÉRIDES DE  LA NACIÓN CANARIA


UNA HISTORIA RESUMIDA DE CANARIAS

ÉPOCA COLONIAL: SIGLO XVII


DECADA 1581-1590


CAPITULO XIII-XIII




Guayre Adarguma Anez’ Ram n Yghasen


1587 Febrero 18.
Mayor peligro supuso para el Archipiélago el año siguiente de 1587, a medida que las relaciones de la metrópoli con Inglaterra entraban ya en la fase preparatoria de la guerra, y en cuyo año la sombra de Drake se mantuvo amenazadora sobre las islas como una pesadilla.

Este estado de alarma tuvo reflejo en la actuación de los inquisidores que extremaron la vigilancia en los puertos canarios, dispuestos a cerrar el acceso a los mismos a todos los súbditos de la reina Isabel tachados por el Santo Oficio de herejes y luteranos .El 18 de febrero de 1587 arribó a Santa Cruz de La Palma el navío portugués Buena Fortuna de Caridad, propiedad de Francisco da Rocha Paris, piloto lusitano tachado de simpatizante con el pretendiente don Antonio, prior de Crato, que navegaba con pasaporte especial del almirante de Inglaterra para resguardo contra los piratas. Dichas circunstancias despertaron los recelos de las autoridades locales hasta el punto que el teniente de gobernador, Jerónimo de Salazar, ordenó la detención del navío hasta tanto que se aclaraba su verdadera procedencia.

No fueron menores los recelos de la Inquisición por su arribo, hasta el punto de que si bien Francisco da Rocha pudo convencer al gobernador Salazar de la licitud de sus propósitos y tratos, no consiguieron lo mismo varios pasajeros ingleses acogidos al navío, que fueron detenidos por el Santo Oficio como herejes luteranos y procesados a renglón seguido. De esta manera vinieron a engrosar la larga lista de los ingleses cautivos: Edward Stephens, Richard Newman y otros de nombre ignorado. (En: A. Rumeu de Armas, 1991)

1587 Mayo 4.
El momento de mayor peligro en dicho año para el archipiélago canario se señala alrededor de los días primeros del mes de mayo de 1587. La expedición de Drake contra Cádiz, organizada por Inglaterra para perturbar los aprestos de la gran armada que se organizaba para la invasión, afectó de rechazo, aunque sin riesgo para ella, a la isla de  El Hierro. En efecto, después de haber sorprendido a Cádiz (destrozando los navíos allí surtos y saqueando el puerto) y, recorrido las costas de Portugal con igual fin, apostó Drake el grueso de la flota, entre el cabo de San Vicente y las Azores, así para impedir la reunión de los galeones españoles, diseminados en los distintos puertos de la Península, como en espera de las flotas de Indias. De este momento data el viaje a las Canarias de una división de cinco navíos de la escuadra de Drake, que acercándose a la isla de El Hierro, y merodeando por su contorno, trataron el 4 de mayo de 1587 de establecer pacíficas relaciones comerciales con sus habitantes, so color de católicos irlandeses. El conde de La Gomera, don Diego de Ayala, así lo comunicó a Tenerife, en carta de 8 de mayo, para que estuviesen prevenidos contra el peligro, porque en dicha isla aseguraron los corsarios que Francis Drake los seguía con otros 40 galeones.

Pocos días más tarde tenía confirmación desde España el aviso del conde de La Gomera, pues el 16 de mayo de 1587 se recibía en Cabildo una carta del duque de Medina Sidonia con la nueva del incendio de los galeones en Cádiz y el temor de que se dirigiese la escuadra inglesa sobre el Archipiélago, y siete días después recibíase también por la misma corporación un mensaje de los almirantes marqués de Santa Cruz y Francisco Duarte concebido en idénticos términos.

Con este motivo los acuerdos de guerra llenan las sesiones del Cabildo de Tenerife, que por repetidos silenciamos, siendo en cambio digno de señalar por el espíritu de hermandad que revela aquél en que esta isla franqueó a la Gran Canaria la pólvora que pudo ante las demandas apremiantes de sus regidores, que faltos de ella la reclamaban por "hallarse muy ámenazada, así de Morato Arráez como de Francisco Draque".

En esta atmósfera de guerra ocurrió todavía un nuevo intento pirático en Santa Cruz de Tenerife, en julio de 1587, que alarmó a toda la isla.

El día 8 de dicho mes un galeón corsario se acercó a la bahía de Santa Cruz con ánimo de sacar del puerto una carabela que en él se hallaba cargando vinos. Para ello trató de forzar la entrada del mismo por medio de una lancha en la que bogaban algunos marineros; mas cuando ya estaban próximos a la rada, el castillo de San Cristóbal abrió fuego contra ella y los piratas tuvieron que alejarse sin alcanzar su propósito. Sin embargo, los disparos de la fortaleza, que se oyeron en La Laguna, alarmaron a sus vecinos, acudiendo al puerto en formación las milicias con el gobernador Juan Núñez de la Fuente a la cabeza.

Todavía en noviembre de 1587 se tuvieron en el Archipiélago avisos de la partida de Drake de Inglaterra con 40 navíos en dirección a las costas españolas; pero por suerte para las islas, tanto en lo que resta del año 1587 como en la totalidad del siguiente de' 1588-en que la guerra con Inglaterra; en su máxima intensidad, absorbió a ambos contendientes en otros escenarios-no ocurrió suceso destacado de índole militar.

Episodio de otra índole fué el solemne auto de fe de 22 de julio de 1587, celebrado en Las Palmas de Gran Canaria con ocasión de la ruptura de hostilidades con Inglaterra.

La Inquisición acostumbraba celebrarlos cuando había número suficiente de reos que "justificasen tal ceremonia", y ahora se apiñaban en sus cárceles buen número de ingleses luteranos y calvinistas. Entre los primeros se contaban 12 de los 17 marineros del Primrose sin otra baja por muerte que la de John Smith, fallecido en las cárceles secretas; un marinero del navío El Faco cautivo en Maspalomas, y Edgard Francis, preso en el desembarco de Adeje.

En cambio no pudieron figurar en este auto los  viajeros de la nave de Francisco da Rocha Paris, Bwena Fortuna de Caridad  por estarse sustanciando por aquella fecha sus causas.

Este número extraordinario dé ingleses en el auto que referimos, así como los procesos y condenas anteriores y posteriores, hace afirmar a historiador tan documentado como William Thomas Walsh que las Islas Canarias eran el lugar fijo de malos tratos a los ingleses luteranos, error que nace, aparte de .la mala información, de no haber sabido captar la Importancia que tuvo en el siglo XVI la acción de la piratería contra las islas del Atlántico.

De esta manera en la fecha indicada, 22 de julio de 1587, celebróse en la plaza de Santa Ana con extraordinaria solemnidad y pompa el primer auto de fe en que aparecían súbditos de la reina Isabel junto con moriscos y naturales, formando los ingleses, adornados con sambenitos y corozas, en la larga comitiva que acompañó a la hoguera a su compatriota George Gaspar (sic), que como el más contumaz en sus errores estaba condenado a morir.

La ceremonia se celebró presidida por el inquisidor don Francisco Madaleno, hallándose presentes en la misma el obispo con el Cabildo catedral en pleno, la Real Audiencia y el gobernador de Gran Canaria Álvaro de Acosta.

La plaza de Santa Ana aparecía totalmente repleta de público, no sólo de la capital, sino de toda la isla, ya la vista del mismo los reos, auxiliados por las Ordenes religiosas y familiares del Santo Oficio, fueron verificando su reconciliación. Aparte de los españoles,  e isleños, condenados por diversas causas atentatorias a la fe o buenas costumbres a no menos diversas penas, aparecían alineados moriscos e ingleses, hasta completar con aquéllos el número de. 43 reos. Fueron reconciliados primeramente los ingleses Thomas Simes [Thomas Simms], Juan Buer [John Wáre], Pedro Jamson [Peter Johnson], Eduarte Estreid [Edward Stride], Juan Gold [John Gold], Guillermo Vaquer [IWilliam, Baker] , Guillermo Huer [William Ware] , Miguel Chemes [Michael James] Rioharte Sánchez, Marcos Colman y Cristóbal Tristán (sic), todos tripulantes del Primrose; Juan Reman [John Reman], marinero de El Faco, cautivo en Maspalomas, y Eduarte Francisco [Edward Francis] prisionero en el desembarco de Adeje. Después, sin un orden riguroso, fueron reconciliados los esclavos moriscos Pedro de Berrera, Bartolomé y Juan, a quienes en seguida veremos participar, como adalides, en la incursión de Morato Arráez de 1586, y el renegado Miguel Carneros, expulsado por este pirata; de las galeras en la is1a de Lanzarote.

De los reconciliados españoles son dignos de mención: Sebastián García, pescador de Agüimes, como cómplice de las operaciones de El Faco, y Diego Rodríguez de Ayala, alcaide de la cárcel real de La Laguna, por haber apoyado de palabra algunas de las proposiciones heréticas del condenado a la hoguera, George Gaspar. Otro de los reconciliados fue Juan del Río, esclavo morisco del anterior gobernador Tomás de Cangas, por haber obstaculizado en cuestiones de competencia enttre la Justicia real y el Santo Oficio sobre la prisión del inglés John Reman, la acción de éste en favor de su amo, el gobernador .

Tras esta primera parte del auto, procedióse con no menor aparato, a la reconciliación en estatua del reo Jhoan  smit [John Smith] fallecido en prisión, y la relajación, en estatua, también, de cuatro moriscos de Lanzarote y Fuerterventura: Malgarida de Cubas, mujer de Juan Felipe, trasladada a Berberia por su esposo con engaños en 1552, pero que acabó por abjurar convirtiéndose al mahometismo; Francisco Palomar (esclavo del alguacil del Santo Oficio Diego Sarmiento de Ayala) y Maria Gutiérrez, cautivos de Calafat en la incursión de 1569 y también perjuros, y Gonzalo Espino, fugitivo en una de las últimas "entradas" en Berbería.

Por último, la ceremonia adquirió su máximo patetismo en el momento de ver subir exánime al cadalso, donde se apiñaban los leños de la hoguera, al reo George Gaspar, agotado y sin fuerzas después de un frustrado intento de suicidio. George Gaspar fué relajado por su osadía y contumacia, pues seguramente por su vida era el más infeliz de todos sus compatriotas, ya que, con apenas veinticuatro años, y siendo aprendiz de sastre en Londres, no tenía otras hazañas en su hoja de servicios que haberse enrolado por primera vez en una embarcación inglesa en viaje al Brasil, para caer prisionero en la isla de La Gomera, su primera escala, en una desgraciada incursión para proveerse de agua. Trasladado a la cárcel real de La Laguna, aquí fue donde George con sus burlas, blasfemias, irreverente actitud, inoportunos dichos e ingenua contumacia, labró día a día su sentencia, pues abandonó la cárcel real para ingresar en la del Santo Oficio de Las Palmas, donde, siempre rebelde y contumaz, pasó los últimos días de su vida. (En: A. Rumeu de Armas, 1991)

1587 Mayo 20.
El rey de la metrópoli Felipe II dio unas instrucciones al Ingeniero Leonardo Turriano, que constituían un minucioso programa al que debía ceñirse éste para resolver el problema más arduo de la fortificación del archipiélago: asegurar la ciudad de Las Palmas que por su carácter marítimo y extraordinaria importancia, era blanco de las apetencias de los piratas extranjeros. Con tal extensión se refiere el Monarca a la ciudad, que puede decirse que el texto casi integro de aquéllas, la abarcan las normas para la fortificación de la misma. Dice así: «En la Gran Canaria hareis particular relación al Governador, Justicia y Regimiento de la orden que aqui llevais tocante a aquella ysla: pedirles eys las plantas, ordenes y relaciones que tienen, asi de la fortaleza que está designada en la montaña de S. Francisco, como del reduto que se ordenó se hiziesse para su deffensa, entre tanto que se haze la dicha fortaleza y particularmente pedireisles la ultima órden de don Francés de Alava que fue del mi Consejo de guerra y mi capitán general de Artilleria, difunto, embió y yo mandé que se siguiesse y executase, y juntamente con esto pedireis os informen bervalmente de las consideracion y respettos que se tuvieron para executar la dicha planta de la fortaleza y para hazer el reduto, y de todas las demás cossas que os pareciere deveis ser informado para hallaros capaz de todo lo hecho, y para lo que mas se huviera de proseguir.- Yreis a ver y reconoscer la dicha montaña de San Francisco y el sitio que en ella está designada la dicha fortaleza, y que forma de traza y capacidad tiene, que dinero está aplicado para su fábrica, lo que se a gastado y lo que ay en set; que effectos se pueden conseguit; si defiende la ciudad y puerto y algunos desembarcaderos, si está libre o subjeta a algunos padrastos o a otros inconvenientes y que defensas se les pueden aplicar.-

Reconocereis tras esto el dicho reduto y sabreis lo que está hecho y lo que en él se a gastado y lo que constará lo que falta de fábrica, y direys que effecto y utilidad se sigue y si conbiendrá mas atender aora solamente acabar la fábrica de la fortaleza que no a 1a del dicho reduto, para que tanto mas en breve se acabe la dicha fortaleza, sobre presupuesto que el fin principal que se tubo para hazer el dicho reduto fue que entretanto que la dicha fortaleza se acabase, cuya fábrica havia de ser de mucha mas dilacion, la gente de la tierra tuviese alguna forma de defensa en donde recogerse y defenderse algunos dias de algun cossario que le quissiese emprender para robarla.-

Haveis de considerar si para la guarda y seguridad de la dicha isla está con acertada conssideracion acordada y trazada la dicha fortaleza y reduto, y si os paresce se deve alterar en algo para mejorarla, asi en la fábrica y traza como en el sitio, direys en que y porque causas, como y con que se podria remediar.- Vereys asi mismo en quanto tiempo se acabaran las dichas fábricas de fortaleza y reduto y con quanto dinero, y tratareis con el Governador é ysla de que arbitrios o otras cosas se podrá dar forma de sacarse y proveerse.- Reconoscereys todos los puertos, calas y desembarcaderos que la dicha ysla de Canaria tiene de consideracion, que defensas tienen al presente y las que convendria hazerles y lo que costarian.- Como está de artilleria todo lo fortificado y si le falta alguno y quantas y que géneros particularmente de alcance, que es la mas necesaria para ympedir los dichos desembarcaderos y guar- dar el puerto.- Todo lo qual os mando cumplais comunicandolo con el Governador; Justicia y Regimiento de la dicha ysla, y haviendolo asi cumplido me embiareis particular relacion de todo y de vuestro parescer con las plantas y disigneos de lo fuera necessario, en el primer pasaje de navío que se ofrezca, quedandoos con un tanto dello para que, en caso que no llegue en salvamento lo que asi abisaderes y embiaredes, lo podais hazer duplicado en otra ocasión de pasaje », todo lo cual consta en el archivo de Acialcázar.

Recorrió Turriano todos los puntos estratégicos de la ciudad de Las Palmas y sus alrededores y en su informe hace -según Rumeu de Armar el más acabado y completo escrito de los que salieron de su pluma, que es por otra parte un alarde de los conocimientos técnicos, competencia y agudeza crítica de este ilustre Ingeniero.

El problema fundamental de la fortificación del archipiélago en el siglo XVI era el de asegurar la ciudad de Las Palmas, por ser la más expuesta a ataques de los piratas, pues La Laguna capital de la isla de Tenerife -que rivalizaba en opulencia con Las Palmas- dada su calidad de ciudad interior, estaba asegurada por sí sola frente a las incursiones de piratería en las que predominaba siempre el carácter de operaciones costeras, sin adentrarse en el país con objeto de tener bien segura la retirada y obtener el botín a poca costa. Juan Alonso Rubián y Agustín Asmodeo, Ingenieros Militares de S.M. antecesores de Turriano, tuvieron más o menos intervención en la construcción de las murallas Norte y Sur de Las Palmas por el Gobernador Diego de Melgarejo, y la del torreón de Santa Ana en el Charcos de los Abades por su sucesor D. Martín de Benavides. Con anterioridad existía el castillo principal de Las Isletas, y en el plan de defensa jugó un papel importante la fortificación de la montaña de San Francisco, punto estratégico de vital importancia y que todos los Ingenieros habían considerando neurálgico de la defensa militar, de la que se ocuparon los Ingenieros antes citados, don Francés de Alava y otros varios, pero en el año de 1587 aun no se había dado comienzo a esta obra.

Creía Turriano que el desembarco en Las Palmas podría ser por uno de los cuatro puntos siguientes: punta del Confital, Arrecife, puerto de Las Isletas y Caleta de Santa Catalina, o por las Caletas del Sur de la ciudad incluso Telde; consideraba de poca eficacia las murallas Norte y Sur que apenas si la cubrían por los flancos dejándola abierta por el amplio frente interior hacia el poniente, y discrepaba de sus antecesores en cuanto a la eficacia de la fortaleza en proyecto en San Francisco. Proponía amurallar la ciudad en todo su perímetro; edificar en la margen derecha de la desembocadura del Guiniguada un pequeño fuerte que cruzase sus fuegos con la torre de Santa Ana; conservar las antiguas murallas como primera línea de resistencia, y construir en el monte de San Francisco, o mejor al borde de la ladera de San Nicolás, un castillo no para servir de refugio a la población civil, sino como complemento del plan general de fortificación.

La base fundamental de la defensa debía descansar sobre los siete baluartes de su proyecto, que de tramo en tramo flanquearían la línea quebrada de la muralla de la ciudad; estos baluartes de sólida construcción, con plaza de armas cubierta y terraplenada, estarían artillados con piezas de campaña (sacres, falconetes y pedreros); los baluartes -tres en el barrio de Triana y cuatro en el de Vegueta- se adaptaban a las condiciones del terreno; la muralla Norte que iba desde la Torre de Santa Ana a la montaña de San Francisco se aprovechaba como primera línea de resistencia y arranque del segundo recinto proyectado, previas algunas reformas que le diesen mayor altura y resguardo; el nuevo recinto se unía al antiguo en la puerta de ella situada en el camino de Triana con el puerto, así es que se podía considerar que el nuevo recinto arrancaba del fuerte de Santa Ana para torcer en dirección Sudoeste a la altura de aquélla; el segundo baluarte aparecía dispuesto tangente al convento de las Monjas Bernardas y el primero a la mitad de distancia entre aquél y la puerta de Triana; el tercero en las proximidades de la ermita de San Justo al pie de la ladera de San Nicolás y con él finalizaba la fortificación de aquel barrio. Tomaba entonces la muralla la dirección del Guiniguada, cuya fortificación había ideado de original manera: para Cortar el paso al enemigo pretendía tender un puente sobre él-que sirviese de prolongación ala muralla- cuyos arcos fuesen en momento oportuno cerrados con unas compuertas o rastrillos de madera, que franqueando el paso a las aguas, obstaculizasen el tránsito de los soldados, debiendo advertirse que entonces el Guiniguada era un riachuelo. Desde el Guiniguada al mar se extendería el resto del recinto cuyo primer baluarte coincidiría con la margen izquierda del arroyo, el segundo para proteger el convento de Santo Domingo, el tercero quedaría situado en las proximidades de la portada de los Reyes, y el cuarto establecería contacto con las casas extremas de la ciudad ya en la marina; estos baluartes seunirían por tramos de muralla de manera que por su pretil interior se pudiese establecer fácil comunicación entre ellos. (En: José María Pinto y de la Rosa. 1996)

1587 Mayo 20.
El rey  Felipe II no estimó, por lo que respecta a Canarias, el juicio de su sesudo consejero, sino que cuando apenas habían transcurrido cortos días de su dictamen se dispuso a hacer frente con sin igual actividad al problema de la seguridad y defensa de las vitales islas del Océano, como puntos de apoyo para la comunicación con las Indias
Occidentales y Orientales. Bien estaba que Dios socorriese al Archipiélago, pero había que defender a toda costa-ayudándole aquellos bastiones del mundo occidental, verdadera avanzada de España en el Océano.

Con este fin, el 20 de mayo de 1587 expidió el rey  Felipe II tres Reales cédulas, a cual más importante.

Por la primera, nombraba al ingeniero Leonardo Torriani visitador de todas las fortalezas de las islas realengas y de señorío, para que reconociéndolas propusiese a la Corona el plan general de fortificación del Archipiélago. En la misma fecha el Rey puso en sus manos unas minuciosas "instrucciones", a las que había de atenerse durante su visita.

Por la segunda Real cédula, el Rey designaba para el mando militar de cada una de las islas, con título de sargentos mayores y categoría de segundos jefes militares de las mismas, a los siguientes soldados veteranos: para Gran Canaria, el alférez Juan Ocaña; para Tenerife, el alférez Jerónimo Saavedra; para La Palma, el alférez Juan Niño, y para las islas de señorío, Lanzarote, Fuerteventura y Gomera, respectivamente, a los también alféreces Francisco Peñalosa, Jerónimo Aguilera y Juan Sánchez  de Arellano.

La tercera Real cédula daba cuenta a las islas de cómo la Corona había dispuesto la inmediata remisión de una gruesa partida de armas, arcabuces, mosquetes y picas-, así como abundante provisión de pólvora, con objeto de que fuesen repartidas entre las milicias isleñas. (En: A. Rumeu de Armas, 1991)

1587 Julio 25.
En el Archivo de Simancas se conserva el modelo de las soberbias culebrinas especialmente dedicadas a las Islas Canarias, y diseñadas, el 25 de julio de 1587, por la propia mano del capitán general de la artillería don Juan de Acuña. La fundición de las
mismas se encomendó al famoso fundidor sevillano Juan Morel, siendo el mismo capitán general Acuña quien redactó las instrucciones severísimas para su fabricación, así como los rótulos y enseñas de las mismas: el escudo de España y dos cartelas separadas que qecían: "Philipus Rex II" y "Don Ivan de Acuña capitan gral de la Artilleria", y no se crea que tal proyecto quedó en simple propósito; antes al contrario, a partir de aquella fecha fueron llegando en sucesivos envíos las piezas fundidas por Juan Mol1el, que se repartieron entre las distintas fortalezas de Gran Canaria y Tenerife. (En: A. Rumeu de Armas, 1991)
1587 Septiembre. […] Uno de los primeros actos de Torriani en Benahuare (La Palma) fue dirigirse al Cabildo para que designase un regidor, como delegado de la corporación que le prestase en su labor las asistencias necesarias. Reclamando de paso los elementos necesarios para el cumplimiento de su misión: oficiales de carpintería, albañiles, peones, bestias de carga, barcos, etc.; pero el ingeniero obtuvo el más indiferente silencio por respuesta. Otro segundo escrito de Torriani (sin fecha también como el primero) volvía a reiterar análoga petición. Suplicaba ahora que habiendo de visitar las fortalezas, ver la artillería, calcular los gastos de las reparaciones y los materiales para ellas precisos, el Cabildo designase varios "caballeros" de su seno que le acompañasen para facilitar la tarea. En este oficio planteaba también Torriani al Cabildo la necesidad de nombrar la persona a cuyo cargo debían quedar las obras del muelle, arbitrar los fondos necesarios para ellas y acordar cómo habían de realizarse -si a jornal o a destajo-, con objeto de ganar tiempo, mientras él visitaba las demás islas, hasta volver a residir en Santa Cruz de La Palma, en espera de las órdenes regias. En vista de ello Leonardo Torriani entretuvo los días que corrieron entre primeros de septiembre y mediados de noviembre en estudiar los problemas concernientes a la fortificación de Tedote n Benahuare (Santa Cruz de La Palma), pues recorrió una a una sus tres fortalezas, visitó el llano de la Caldereta, tomó nota puntual de su artillería, calculó lo necesario para dejarlas en buen estado de defensa e inspeccionó sus milicias y armamento. Por sus informes, minuciosos y precisos, conocemos el estado militar de Benahuare (La Palma) en 1587 mejor que en ninguna otra época de su historia, ya que nos brindan datos sobre las milicias de la isla, los artilleros y la artillería [...] (Emelinda Martín Acosta). Quizás la fría acogida de las autoridades coloniales en la isla, motivó al ingeniero al servicio de Carlos II, de la matrópoli a dejar una reseña poco halagüeña de los hawaritas y criollos de Benahuare (La Palma).
Estos fueron (los hawuaras) hombres blancos y gruesos, más que los otros isleños. Los escritores afirman que descendían de una nación africana, como los gomeros y los herreños, con quienes se parecían también en la melancolía, la vileza y la barbarie.
Eran idolatras, porque adoraban al demonio en forma de perro, a quien llamaban Haguanran; y decían ellos que éste moraba en el cielo, al que decían tigotan, y en tierra, en la cumbre de las montañas llamadas Tedote; y encima de ésta hacían sus sacrificios de leche y de mantequilla.
No tenían ninguna justicia. Todos ellos, siguiendo a sus capitanes, vivían de robos, como los lacedenios por las leyes de Ucurgo. Los nombres de sus capitanes eran los siguientes: Ehedei, que fue también profeta y predecía las cosas futuras; Tamacanea, Ehentire; Azuquahe, que significa «aceitunado», porque no era tan blanco como los de- más; Zuguiro; Garcagua; Tinisuaga; Aguacencia; Bentacaize; Atabara; Bedestra; Teniaba; Atogmatoma. Estos eran los más valientes, y por esto los habían seguido los demás.
Las mujeres eran más valientes que ellos, y en las emergencias iban ellas en adelante y peleaban virilmente, con piedras y con varas largas. Estos palmeros vestían como los herreños; y eran tan tristes y melancólicos, que se morían cuando les daba la gana, que se les daba por cualquier pequeña dolencia. Esto pasaba en tal manera que, al sentirse enfermos, decían que querían morir; entonces los ponían en una cueva, con un vaso de leche, y tapaban la puerta, dejándoles morir sí.

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