sábado, 31 de enero de 2015

MUJERES AFRICANAS SINGULARES-CXVI






SOR BERNARDA HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ (1911-1985), BACHILLER, PIANISTA, MAESTRA NACIONAL, CONCEJAL DE BUENAVISTA E HIJA DE LA CARIDAD DE SAN VICENTE  DE PAÚL DEDICADA A LA ENSEÑANZA

En este artículo queremos recordar a una entrañable y polifacética mujer, querida y admirada por todos los que la conocieron, Sor Bernarda Hernández Rodríguez, que obtuvo los títulos de Bachiller y de Maestra, destacó como pianista, ejerció como maestra nacional y fue designada concejal del Ayuntamiento de Buenavista, cargo al que renunció pronto. Luego abandonó el Magisterio público para ingresar en las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl,  en  cuya  Orden  continuó  desarrollando  una  impresionante  labor  docente  y  social, centrada durante 44 años y hasta su muerte en el Colegio Insular “San Antonio” de Las Palmas de Gran Canaria.

SU ILUSTRE  FAMILIA

Nuestra biografiada nació en la calle San Joaquín de Fasnia el 2 de abril de 1911, a las
siete de la noche, siendo hija de don Luis Hernández Farré, natural de Güímar, y de doña Isabel  Rodríguez  Reverón,  que  lo  era  del  citado  pueblo  de  Fasnia,  en  cuyo  “Centro parroquial”  estaban avecindados, aunque se  habían casado  en  la  parroquia del  Sagrario Catedral de La Laguna. El 15 de ese mismo mes fue bautizada, “sub conditione después de la bendición de la pila bautismal”, en la iglesia parroquial de San Joaquín por el cura ecónomo don José de Ossuna y Batista; se le puso por nombre “Ramona Cirila” y actuó como madrina la abuela paterna, doña Ramona Farré y Pujol, siendo testigos la madre, el padre, don Diego López González y don Guillermo Díaz González, los dos últimos ministros de la parroquia.

Creció en el seno de una familia acomodada, culta y profundamente creyente, que vivió primero en Fasnia y a partir de 1915 en La Laguna, aunque pasaba largas temporadas en Güímar, donde se estableció definitivamente hacia 1936. Por lo tanto, entre estas tres localidades compartió doña Bernarda su infancia y su juventud.

En la rama paterna destacaron numerosos ascendientes: su abuelo, don Pedro Hernández González (1837-1901), clérigo tonsurado y primer maestro propietario de Güímar (durante 40 años); el hermano de su abuela, don Fidel Farré Pujol (1839-1891), Licenciado en Sagrada Teología, beneficiado-arcipreste de Güímar y examinador sinodal del Obispado; su bisabuelo, don Pedro Hernández Bueno (1798-1885), administrador de espolios y vacantes de la Diócesis, regidor del Ayuntamiento de La Laguna, secretario de la Comisión de Escuelas de Güímar y comerciante; su tatarabuelo, don Pedro Hernández García (1742-1799), subteniente de Artillería; el hermano de su tatarabuela, don Sebastián Bueno y Quintero (1761-?), cura de Choroní y vicario de Barquisimeto, en Venezuela; y los tíos de ambos: don José  Antonio Quintero  y Acosta (1746-1763), clérigo minorista, don Domingo María  Quintero  y Acosta (1748-1828), conocido por “El Virrey”, oficial de Infantería, notario público, juez sustituto y receptor de la Audiencia de Méjico, ministro interventor e intendente honorario en La Habana, y don Isidro Quintero y Acosta (1764-1849), secretario de cámara y gobierno de dos Obispados en América, canónigo de la Catedral de La Laguna, juez examinador sinodal, juez colector e introductor de la cochinilla en Canarias.

Por su parte, en la rama materna también sobresalieron algunos miembros: su abuelo, don Francisco Rodríguez y González Perlaza  (1851-1936), capitán del Ejército Territorial de Canarias y comandante militar de Fasnia y de otras localidades; y sus bisabuelos: don Francisco Rodríguez  Perlaza   (1808-1888),  subteniente  de  Milicias,  alcalde  de  Granadilla  y  de Buenavista, y don Juan Antonio Reverón Martín (1803-1876), sargento 2º de Milicias.

En cuanto a sus hermanos, tuvo cinco: una niña, que falleció de corta edad en Fasnia, en 1911; don Francisco  Pedro  (1913-2007), casado con doña Ana Martín Fernández, con sucesión1; doña Cirila (1915), que ejerció como maestra en El Escobonal (Güímar), San Juan (Güímar), El Grandal (Puntallana), El Médano (Granadilla) y Lomo de Mena (Güímar), y contrajo matrimonio con don Arturo Hernández Cruz, natural de Güímar e interventor del Ayuntamiento, con descendencia2; doña  Mélida (1918-1996), conocida por “Meña”, que colaboró con sus hermanas en las tareas docentes y contrajo matrimonio con don Constantino Torres Bardó, con sucesión3; y don Luis Hernández Rodríguez, que se ausentó de la isla.

BACHILLER, PIANISTA Y MAESTRA

Tras  superar  los  Estudios  Primarios,  doña  Bernarda  cursó  el  Bachillerato  en  el Instituto de Canarias La Laguna. Siendo aún estudiante de este centro, en julio de 1925 contribuyó con 2 pesetas a la suscripción abierta para el homenaje que se la iba a tributar al director  del  instituto,  don  Adolfo  Cabrera-Pinto  y  Pérez,  con  motivo  de  su  próxima jubilación4.

Luego, después de obtener el título de Bachiller, se matriculó en la Escuela Normal de Maestras de la misma ciudad de La Laguna, donde cursó con brillantez la carrera de Magisterio, como destacó el periódico Gaceta de Tenerife el 15 de junio de 1929, bajo el titular “Alumnos aprovechados”:  “En la  Escuela  Normal de Maestras  de La Laguna  ha terminado, con brillantes notas, el segundo curso de la carrera  del Magisterio, la estudiosa señorita  Bernarda  Hernández Rodríguez. / Reciba ésta la más sincera  felicitación, la que hacemos extensiva a su abuelo, nuestro distinguido amigo don Francisco Perlaza”.

En ese mismo año, doña Bernarda participó con brillantez en la fiesta literaria incluida en el programa de actos de la festividad en honor de la Milagrosa, Patrona de la Escuela Normal, la cual se celebró el domingo 24 de noviembre de 1929, a las tres de la tarde, y fue organizada por las alumnas de tercero de Magisterio, con la cooperación de sus compañeras de los demás cursos. Dicho acto tuvo lugar en el salón de actos del centro docente, como anunció Gaceta de Tenerife el 22 de dicho mes; en la primera parte se interpretaría: “«L'Eventail», piano a  cuatro  manos, por  las alumnas Bernarda  Hernández Rodríguez y Pilar Alonso Gómez”; y en la segunda parte: “«Un temporal en el cabo de Hornos», piano, por  la  señorita   Bernarda   Hernández  Rodríguez,  explicando  los  diferentes  momentos musicales la señorita Isabel Hernández”. Al día siguiente, dicha información fue reproducida en La Prensa. Y el 30 de ese mismo mes, una vez celebrado el festival, Gaceta de Tenerife destacaba la brillante actuación de nuestra biografiada: “Todos los números del programa, estuvieron a cargo de las normalistas. Merecidos aplausos recibieron la señorita Bernarda Hernández Rodríguez, por la delicadeza con que ejecutó al piano Un temporal en el Cabo de Hornos; y la señorita Isabel Hernández, que explicó los diversos motivos musicales de tan sentimental composición. / La misma señorita Hernández y la señorita Pilar  Alonso oyeron nuevos aplausos por la admirable interpretación, a dos manos, de L’Eventail”.

MAESTRA    INTERINA    DE    MASCA    Y   VALLE    DE    SAN   LORENZO,    Y   CONCEJAL   DEL AYUNTAMIENTO  DE BUENAVISTA

Una vez obtenido el título de Maestra de Primera Enseñanza, en junio de 1931 doña Bernarda presentó una instancia a la Junta Provincial de Instrucción Pública, “solicitando regentar escuelas interinamente”, tal como informó Gaceta de Tenerife el 27 de dicho mes.

Su primer destino fue el de maestra interina de la lejana escuela de Masca (Buenavista del Norte), para la que fue nombrada el 28 de octubre de 1931 y de la que tomó posesión tres días después, cuando contaba 20 años de edad. Permaneció a su frente durante un año y medio, hasta el 19 de abril de 19335. En ese período fue designada para que ocupase el puesto de concejal en el Ayuntamiento de Buenavista, dado el gran prestigio y el afecto que se había ganado en el vecindario; debido a sus constantes traslados a la cabecera municipal tuvo que nombrar como sustituta a su hermana Meña, quien en ese tiempo colaboró con ella. Poco tiempo  después,  abrumada  por  los  problemas  que  en  aquellos  difíciles  tiempos  de  la República tenía el Ayuntamiento, doña Bernarda renunció al cargo de concejal y a su plaza de maestra.

El 22 de enero de 1934 fue nombrada maestra interina de la escuela de niñas de Valle de San Lorenzo (Arona), de la que tomó posesión el 28 de dicho mes y en la que permaneció durante ocho meses, hasta el 29 de septiembre del mismo año6.

Después de este destino parece que doña Bernarda abandonó el Magisterio público, aunque en el censo de 1940 estaba empadronada con sus padres y dos hermanos (doña Nélida, de 22 años, y don Luis, de 14) en la calle Santo Domingo de Güímar; figuraba con 28 años de edad y como “profesora”7; no obstante, sabemos que por entonces estaba ausente en la Península.

LABOR DOCENTE  COMO HIJA DE LA CARIDAD DE SAN VICENTE  DE PAÚL

Lo cierto fue que nuestra biografiada sintió como crecía en ella una irrefrenable
vocación religiosa, por lo que ingresó en las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Tras seguir los estudios de noviciado en Sambuesa (Navarra) y en Cádiz, profesó solemnemente en dicha Orden.

La nueva monja trabajó intensamente en varios centros religiosos peninsulares, hasta que en 1941 se incorporó al Colegio Insular “San Antonio” de Las Palmas de Gran Canaria, internado que su Orden regenta en la calle Sor Brígida Castelló nº 1 de dicha ciudad. En este centro prestó 44 años de servicios ininterrumpidos a la Enseñanza, hasta que le sorprendió la muerte.

Por sus aulas pasaron numerosas generaciones de canarios de todas las clases sociales, que luego llegarían a ser desde errantes vagabundos hasta ingenieros industriales, pasando por todas las profesiones conocidas. En ellos volcaba su espíritu humanitario, hasta el punto de romper pizarras para darle trozos a los niños más pobres, de modo que tuviesen donde escribir.  Además  de  los  conocimientos elementales  de  lectura  y escritura,  Sor  Bernarda enseñaba en el colegio otras disciplinas, sobre todo piano, mecanografía y manualidades.

ENFERMEDAD  Y FALLECIMIENTO

Encontrándose gravemente enferma, Sor Bernarda Hernández Rodríguez ingresó en la
Clínica Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro de Las Palmas de Gran Canaria, recibiendo allí
durante su larga permanencia probados desvelos y atenciones, tanto por parte del cuadro médico como por el resto del personal. En este centro médico dejó de existir el miércoles 20 de noviembre de 1985, a los 74 años de edad, confortada con los Santos Sacramentos y la Bendición Apostólica. Ese mismo día fue trasladada a su querido Internado “San Antonio”, que sirvió como capilla mortuoria para su velatorio. A las once de la mañana del día siguiente fue trasladada a la parroquia de Santo Domingo de Vegueta, donde se ofició la misa de corpore insepulto y luego recibió sepultura en el cementerio católico de San Lázaro de dicha ciudad.

El mismo día de su muerte se publicaron en el Diario de Las Palmas dos esquelas, en las que se rogaba una oración por el eterno descanso de su alma y se invitaba a asistir a su entierro, una enviada por sus hermanos y otra por “El Padre  Director,  Sor Visitadora y Consejo, sus hermanas  de Comunidad, Hijas  de la  Caridad  de San Vicente de Paúl  del Colegio Insular San Antonio y familia”. Esas mismas esquelas se repitieron al día siguiente en La Provincia. Asimismo, este periódico se hizo eco de la muerte de esta entrañable religiosa el 23 de dicho mes, en el apartado “In memoriam” de su sección “Vida social”:

En  esta  ciudad dejó  de existir sor  Bernarda  Hernández Rodríguez,  hija de  la Caridad. Tras oficiarse una misa corpore insepulto en la parroquia de Santo Domingo (Vegueta),   recibió   cristiana   sepultura   en   el   cementerio   católico   de   San   Lázaro. Expresamos nuestro pésame a sus hermanos: Pedro, Cirila, Meña y Luis Hernández Rodríguez; hermanos políticos: Ana Martín Fernández y Constantino Torres Bardó; sobrinos, primos y demás familia, así como al padre director, sor visitadora y consejo, y hermanas de comunidad Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl del Colegio Insular San Antonio.

Sus familiares renunciaron al traslado de su cadáver hasta Güímar, dado el cariño que se le profesaba en la capital grancanaria, pues quiso que sus restos reposaran para siempre en la ciudad en la que había transcurrido la mayor parte de su vida.

En Tenerife se celebraron varias misas por el descanso de su alma: en la parroquia de Santiago Apóstol de El Puertito de Güímar el domingo 24 de noviembre, a las diez de la mañana; en la parroquia de Santo Domingo de Guzmán de la misma ciudad el miércoles 27, a las seis de la tarde; en la parroquia de San Francisco de Santa Cruz de Tenerife el jueves 28, a las siete y media de la tarde; en la parroquia de la Cruz del Señor el viernes 29, también a las siete y media de la tarde; y en la parroquia de Valle de San Lorenzo el sábado 30 de noviembre, a las seis y media de la tarde.

SEMBLANZA PÓSTUMA POR DON JUAN GREGORIO HERNÁNDEZ

El 26 de ese mismo mes de noviembre, don Juan Gregorio Hernández publicó en
Diario  de  Las  Palmas  una  emotiva  reseña  necrológica  de  nuestra  biografiada,  titulada “Falleció   Sor  Bernarda.   Una  vida  entregada   a  la  obra  social”,  que  por  su  interés reproducimos a continuación:

Tinerfeña de nacimiento, canaria por adopción e Hija de la Caridad por una vocación que la llevó a marcar las más altas metas a la entrega, en un servicio directo a los niños a través de 42 años en el Colegio Insular San Antonio.

Fue la mujer fuerte que nos habla el Evangelio, su lámpara se mantuvo encendida
siempre para los demás, por eso su pérdida ha producido profundo dolor en las Comunidades de Hijas de la Caridad y en las generaciones de niños y familiares que compartieron con ella penas y alegrías, sinsabores y éxitos, carencias y, sobre todo, amor; un profundo amor que la llevaba a heroicidades silenciosas, que sólo están escritas en el libro de la vida, porque fueron siempre hechas en la humildad que fue su característica.

Pedagoga,  humana,  vicenciana,  disponible  y  responsable,  su  vida  se  ha  ido
consumiento día a día en una entrega incondicional a la noble causa de los niños.

Su sentido y proyecto de vida iba siempre directamente a Dios, y su final probado por el sufrimiento personal, lo ofreció conscientemente por los niños, razón de ser de su vida y de su afán.

Nota necrológica publicada en Diario de Las Palmas el 26 de noviembre.


SEMBLANZA POR DON DOMINGO CHICO, CORRESPONSAL OFICIAL DE GÜÍMAR

También don Domingo Chico González, Corresponsal Oficial e Hijo Adoptivo de
Güímar,  dedicó  a  nuestra  biografiada  un  sentido  artículo  en  El  Día  el  sábado  30  de noviembre, que tituló “Desde Güímar.  En la  muerte de Bernarda  Hernández, hija  de la Caridad”:

Desmemoriada la humanidad en el abigarrado fluir de la existencia, ignora la muerte, postergándose el pensamiento respecto a la vigencia que la propia naturaleza comporta en igualdad para todos. Los valores éticos y humanos de validez permanente se soslayan, privando el interés por las cosas perecederas. Es un vivir perturbado el nuestro por el excesivo caudal de apetencias que arrastra, distantes el dolor, la ternura y toda amorosa causa.

Y sin embargo la muerte va con el mundo, medrando en un calvario de resurrecciones para bien o para mal según comportamientos. Puede ser un poema-código, o el arañazo doliente que perdura en desgarramientos del alma. Y es por eso que cuando un ser se ha despegado de las mentiras mundanas y se da a Dios en la fe de sus obras nos paramos a pensar lo que somos, viniendo entonces el crujir de dientes, a orillas de lo finito, como despertados de un mal sueño. ¡Súbeme a Ti, Señor!, acabamos por exclamar. Dame la mano desde la alta cumbre de tu gloria, y hazme oveja hallada más lejos de mis propias lágrimas.

Y puede ser tiempo aún si volvemos de ese fárrago que nos lleva, sinceros a posteriori al menos, sobre la tierra dóciles.

Sor Bernarda Hernández, coetánea del que ahora escribe, venida de una familia por  demás  apreciada,  creyente  y  de  noble  vivir,  nació  para  seguir  a  Jesús  sin  otra alternativa que el Cielo a través de la ayuda a sus hermanos los pobres. Ella contribuyó a redimir al mundo en aquello que más atrae, para con el lirismo amante de las buenas obras sentir la confesión de la tristeza terrenal, vislumbrando al Señor en el compromiso de sus promesas.

Sor Bernarda ha muerto. Ahora habrá comenzado a vivir la existencia pretendida, escapada ya de un mundo en el que calor y frío no sirvieron ante las penas. Y en ello estuvo toda la vida. Su trance amargo por cruel y larga enfermedad le serviría de alado
triunfo  para  hacer  presentación,  ante  el  que  la envió  a  contribuir  en  la obra  por  El comenzada.
Rezaremos por ella, vista en la rogativa que alzamos, sincera mirándonos, alma ya sin amarguras. Y que sea ahora su bien moción de reclamo a nuestro andar por la tierra desolada.

Fue Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl del Colegio Insular San Antonio, en Las Palmas de Gran Canaria. Cuarenta y cuatro años de servicios ininterrumpidos (antes lo había hecho en centros peninsulares) le sirvieron para una labor dichosa que le crearía merecimientos sin fin en esa localidad donde la lloran con lágrimas verdaderas. Es tanto el amor por ella despertado que los suyos tinerfeños considerando el cuadro después de
vivirlo intensamente renunciaron al deseo de trasladar su cadáver a Güímar para darle sagrada sepultura junto a los suyos donde sus padres yacen: un rasgo tremendamente significativo que mucho dice en favor de la gente de la isla de enfrente que la quiso y que agradece sus obras de misericordia, en las que se ven inmersos muchos seres que la llamaron madre.

Era una santa. Su ejecutoria lo confirma, como el dominio de tanto dolor sufrido en franca resignación.

Desde Tenerife su familia quiere expresar sinceramente un amable agradecimiento al director de la Clínica Nuestra Señora del Perpetuo Socorro que la atendió, don Juan Pedro Marallé Mariñán y al cuadro médico a sus órdenes, así como al resto del personal
que allí trabaja, por sus probados desvelos y atenciones a favor de Sor Bernarda durante su larga permanencia en el Centro, favor que recordarán siempre en el más considerado aprecio, igual que al público de Las Palmas por su reconocimiento y su pena. Pero de una manera particularísima a los que un día fueron acogidos y ahora, sin ser de su sangre lo supieron ser en espíritu.

Y que ella nos diga: Yo quiero hablar de vuestra boca.

No volverá del tiempo, lo sabemos, pero en su obra tendremos una señal. Que Dios la tenga en su seno.

(Octavio Rodríguez Delgado. Cronista Oficial de Güímar) [blog.octaviordelgado.es]


Notas:

1  Tuvieron cinco hijos: doña Ana María,  don Pedro  Francisco,  don Rubens, don Francisco  y doña Milagrosa Hernández Martín.
2 Procrearon dos hijos: don Carlos Alberto (1939), Doctor en Derecho, secretario titular de Ochagavía e Izalzu (Navarra) y profesor de universidad, y don Jaime Rufino Hernández y Hernández (1943).
3 Dejaron tres hijos: don Antonio, doña Isabel, secretaria del ministro de Cultura don Javier Solana, y don Pedro Torres Hernández, restaurador de obras de arte.
4 “Homenaje a Cabrera Pinto”. La Prensa, jueves 23 de julio de 1925, pág. 3; “Una próxima jubilación. Homenaje a Cabrera-Pinto”. Gaceta de Tenerife, 26 de julio de 1925, pág. 3.
5   Archivo de la  Consejería de Educación del Gobierno de Canarias. Libros de  nombramientos y escuelas.
6 Ibidem.
7 Archivo Municipal de Güímar. Padrón vecinal de 1940.


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