sábado, 5 de septiembre de 2015

Entregados al enemigo 761 canarios por el Cabildo español de Montevideo



1813 enero 27.


Desde la hermana República Oriental del Uruguay, un grupo de descendientes de canarios miembros de la Asociación Islas Canarias de Maldonado nos ha hecho el honor de enviarnos la obra "Canarios en la región de Maldonado ", del profesor Daniel Delgado Clavijo. Una auténtica joya histórico- documental que nos ilustra sobre el establecimiento en aquellas tierras americanas, en el año 1813, de 761 hijas e hijos de Lanzarote, aunque se aprecian inexactitudes en las cifras dadas de tripulantes y pasaje arribados en los bergantines "Silveira" y "Santa Bárbara".

 De la lectura de este meritorio trabajo de investigación histórica se revela que estas expediciones fueron protagonistas de un atropello lamentable y vergonzoso, en la bahía de Montevideo, causado por las autoridades españolas del Cabildo de esta ciudad. Episodio hasta ahora desconocido en Canarias, según creemos en Identidad Canaria, pues no tenemos constancia de su anterior publicación.
Según escribe Delgado Clavijo, el 27 de enero de1813 llegaba al puerto, entonces español, de Montevideo el bergantín "Silveira" con 377 emigrantes procedentes de Lanzarote, de donde partiera más de cuatro meses antes, el 22 de septiembre de 1812, habiendo hecho escala tras los primeros 86 días de navegación en Bahía de Brasil.
La misma tarde de su llegada, el Cabildo español de Montevideo se reunía en sesión urgente y no precisamente -como veremos- para dar la bienvenida a los que supuestamente eran sus compatriotas. Según consta en el Libro de Actas, el Pleno decidió solicitar al capitán general que no se permitiera su desembarco, así como tampoco a otro grupo de canarios de arribada inminente en otro navío de igual procedencia y fueran "compelidos" a encaminarse a la Patagonia, "donde serían más útiles al Estado".
Efectivamente, el 30 de enero arribaba, "también en muy malas condiciones", el bergantín "Santa Bárbara", procedente de Lanzarote tras escalas en Cabo Verde y Bahía, con "alrededor de 450 personas, entre hombres, mujeres y niños, habiendo muerto de viruela 4 de ellas durante la travesía". El Libro de Capitanía del Puerto añadía: "Viene tan escaso de víveres que hace 4 días que no comen y no trae más cable ni ancla que la que tiene en el agua". Pese a las penosas condiciones en que llegaron, ni siquiera se les autorizó a entrar en la bahía, "dándosele fondo fuera de la Punta de San José".
La decisión del capitán general español fue terminante: "Que ambos buques se pongan a la vela", tal como hicieron el 7 de febrero. Así agradecían las autoridades españolas que esa misma plaza de Montevideo fuera fundada en 1726 por 20 familias canarias, cuando nadie quería emigrar a aquellas tierras y la Corona española corría el riesgo de que les fueran arrebatadas por los portugueses, que ya se habían adentrado hasta la Colonia de Sacramento, en el Río de La Plata.
Particularmente sangrante resultaba la citada resolución del Cabildo español, que mientras negaba su acogida a nuestros emigrantes, recomendaba desembarcar a los jóvenes para ser militarizados, a modo de carne de cañón, para combatir contra los independentistas uruguayos: "Quedando aquí solamente los hombres mozos que sin dependencia alguna de sus padres o parientes cercanos puedan tomar partido en algún regimiento de esta guarnición", según la citada acta.
Pero a los emigrantes conejeros no se les permitiría terminar su viaje en territorio español, ni siquiera en la cercana Buenos Aires, ni en la Patagonia, siendo este un hecho histórico que merece ser reseñado por su importante significación, dado el perverso tratamiento otorgado finalmente por las autoridades españolas a nuestros compatriotas.
Según escribe el profesor Delgado, "hubo un cambio en las autoridades españolas de Montevideo respecto del destino de los buques canarios: se negoció finalmente con el comandante del Ejército sitiador uruguayo su traslado a Maldonado, en poder de las fuerzas patriotas independentistas". Sobre las causas del cambio de planes nos deja una interesante información recogida en el Diario del Segundo Sitio de Montevideo, llevado por el Pbro. Bartolomé Muñoz, que en el parte del 7 de febrero de 1813 dice textualmente: "El 7 salieron los buques a Maldonado conduciendo a las familias de Canarias para que nosotros las mantengamos porque las consideran americanas". Razón por la cual tendrían ser recibidas por las fuerzas revolucionarias, según añade Delgado.
Para las autoridades españolas todos sus territorios al sur de Cádiz eran, y creemos que siguen siéndolo, posesiones de ultramar.
Aterrador resulta sólo imaginar cómo debieron sentirse nuestros 761 paisanos que, tras una penosa travesía de más de 4 meses, hambrientos y muchos enfermos, eran rechazados por sus propias autoridades y obligados a desembarcar en territorio controlado por fuerzas militares en guerra con su país.
Aunque sin dejar de resaltar la perversidad del mando español en Montevideo, en aquellos trágicos momentos, nuestros paisanos seguramente no eran conscientes del inmenso honor que se les hacía al no ser tratados como españoles y ser considerados americanos, siendo entregados a los independentistas uruguayos. Sin saberlo, la Providencia había dispuesto que dejaran de sufrir el maltrato de la madrastra arbitraria para llegar a su verdadera Tierra Prometida.
Un incipiente país generoso que les recibió con los brazos abiertos y les brindó un futuro lleno de prosperidad, que aquí, en su propia tierra, se les negaba. Un "paisito" donde vivir con dignidad y poder dejar su impronta como seres humanos, hasta el punto de que su gentilicio de "canarios" es aún en la actualidad el sinónimo de abnegación, laboriosidad y nobleza con que se designa a la gente de las zonas rurales.
Uno de los argumentos defendidos por la línea editorial de EL DÍA, que para muchos canarios puede resultar increíble, es recomendar el acceso de Canarias a su independencia ante lo que considera un riesgo evidente de que España nos convierta en una provincia de Marruecos. Tras conocer este episodio histórico que hoy Identidad Canaria contribuye a rescatar, muchos de estos canarios incrédulos tendrán al menos que comenzar a plantearse si no llevará razón este periódico. Más aun si constatamos que estos hechos realmente inauguran una larga lista negra de traiciones españolas a súbditos bajo su jurisdicción, hasta conformar una constante histórica como modus operandi en sus posesiones ultramarinas.
En 1819 España vendió la población seminola y criolla de La Florida a Estados Unidos por 5 millones de dólares, no sin abortar dos años antes la declaración de independencia del territorio auspiciada por Simón Bolívar. También vendió Puerto Rico, Filipinas y Guam por 20 millones de dólares en 1898, sofocando previamente el levantamiento independentista de Ciares en Puerto Rico. El año siguiente vendería Marianas, Carolinas y Palaos a Alemania por 25 millones de pesetas. A los canarios nos volvieron a hacer probar el veneno de la traición en el Tratado de París de 1898, firmado con EE.UU., al establecerse que sólo se respetarían las propiedades de los españoles de "la Península" en Cuba y Puerto Rico.
Para quien piense que eso ocurrió hace mucho tiempo, le recordamos la entrega de nuestros vecinos saharauis a Marruecos, hace 37 años, a cambio de seguir explotando los fosfatos y la pesca, pese a que el entonces Príncipe se desplazó a El Aaiun a prometerles que España les defendería "hasta derramar la última gota de sangre". "El Rey mentiroso" le llaman desde entonces los saharauis.
¿Y cómo interpretar actualmente el intento de saqueo de los hidrocarburos que albergan nuestros fondos marinos?, ¿qué acuerdos inconfesables se han establecido a cambio con Rabat? La negra "hoja de servicios" de España con sus súbditos ultramarinos es digna de los peores augurios. Hoy como ayer, nuestros paisanos de Lanzarote, junto a los majoreros y resto de canarios, podemos volver a ser víctimas del ninguneo y el abuso de las autoridades españolas.
Nuestra sociación intentará promover con el Cabildo de Lanzarote iniciativas encaminadas a rendir digno homenaje a los 761 conejeros expulsados de Montevideo hace 200 años, familiares directos, entre otros, de los actuales Fontes, Curbelo, Guadalupe, Camejo, Peraza, De León, Batista, Bethencourt, Delgado, Berriel, Bonilla, Perdomo, Barreto, Espino, Robaina, Luzardo, Quintana, Lemes, Morera, Borges, De Armas, Silva, Ferrera, Machín, Déniz, Abreu, Cabrera, Falero, Torres, Socas o Medina, según listado recogido por Delgado Clavijo en su libro que aquí citamos.

Mateo López Rivero, de Identidad Canaria, en El Día.net


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