jueves, 22 de octubre de 2015

EFEMERIDES CANARIAS






UNA HISTORIA RESUMIDA DE CANARIAS
PERIODO COLONIAL 1501-1600
DECADA 1571-1580

CAPITULO X-XII



Eduardo Pedro García Rodríguez


1572 febrero 19.
VENTA DE UNA CASA Y UN CERCADO SOBRE LA ACEQUIA QUE SALE DE LA BAGACERA. Agüimes. “Bartolomé de Tovilleja, v.º de la villa, vende a tributo  y censo perpetuo de 2 dbs. anuales a Lázaro Martín y María Caballera, su mujer, vs. de la villa, una casa baja pequeña  que hizo Lope Gil y está dentro  de un cercado  de pan  sembrar  en  que  podrá  haber  una  fan. y media  de sembradura, y un pedazo que linda con este cercado a la parte de abajo sobre la acequia que sale de La Bagacera, que podrá ser media fan. de tierra; en total, dos  fans. de  tierra  en  el Ingenio  de  la villa, todo  lindando  por  la parte de arriba y de un lado con tierra que dicen [roto] de los herederos del  Fiscal, por  abajo  [roto] Martín  Castellano,  solares y tierra  del  otor- gante.  El  pedazo  de  media  fan. lo  han  de  cercar  conforme  vienen  las albarradas de dicho cercado [roto] y otra a dar sobre dicha acequia de La Bagacera. El tributo  comenzó  a correr desde 1 de mayo de 1571.
Ts.: Martín  Pablos, Jorge Pérez, Diego Gutiérrez  y Alonso Ortiz,  vs. de la villa.- A ruego y por testigo, Martín Pablos.”
(Rafael Sánchez Valerón y Felipe Enrique  Martín Santiago. Génesis y desarrollo de Ingenio durante el siglo XVI)

1572 febrero 19.
VENTA DE UNA CASA EN EL INGENIO  DE LA VILLA,  JUNTO  AL CERCADO  DEL  fISCAL.   Ingenio   de  Agüimes.  
“Amador Lorenzo  vende  a Alonso  Hernández, mercader,  v.º de la villa, una  casa en el Ingenio  de la villa que fue de María Luis, viuda de Manuel   Hernández,  que   linda   por   una   parte   con   casas   de   Blas Francisco,  por  las espaldas  con  el cercado  del  Fiscal, por  abajo  con  la casa de los herederos de la dicha María Luis y su marido,  y por la puer- ta  con  la  cocina,  con  todo  lo  demás  anejo,  en  precio  de  22  dbs.  en dineros  de contado.
Ts.: Diego de Tovilleja, [roto] González Marrero y Rodrigo Álvarez de León, vs. de la isla.
NOTA: Siguen el acta de toma de posesión de la casa el mismo día, y reconocimiento de  Hernández de  no  haber  pagado  y adeudar  las 22 dbs. Pero, en  escritura  de 5 de agosto  de 1572,  Hernández devuelve la casa a Lorenzo  por  no  quererla  sin  que  se obligase  a la venta  Martía Rodríguez, mujer del vendedor,  cosa que no se ha hecho  y, por tanto, no ha pagado las 22 dbs.”
(Rafael Sánchez Valerón y Felipe Enrique  Martín Santiago. Génesis y desarrollo de Ingenio durante el siglo XVI)

1572 Marzo 19. El segundo proceso no sacado en auto de fe, digno también de llamar la atención, fue el seguido á Dña. Ana Cibo de Sobranis, respetable y virtuosa Señora, que solo tenia el defecto, muy común en su tiempo, de creerse iluminada por el Espíritu-Santo, de estar en comunicación con Dios y dotada del don de hacer milagros. Esta buena Señora, como todas las que tienen la desgracia de estar sujetas á esa clase de alucinaciones, buscaba ardientemente los medios de obtener su perfección, destruyendo su salud corporal para fortalecer la espiritual. Resulta de su proceso, que el 19 de Marzo de 1572 se presentó espontáneamente al Inquisidor Fúnez, aconsejada tal vez por su  tío el presbítero D. Cristóbal de Sobranis, y declaró: que hacía tres años había encontrado en Guía, donde vivía entonces con su hermana Dña. Gerónima, á un fraile de la orden de San Francisco, llamado Antonio del Jesús, quien, conociendo su religiosidad, le había ofrecido unas cuentas benditas, y una cruz negra, que tenían la facultad de sacar a1mas del purgatorio, cuyos objetos le regaló al día siguiente, en el acto de darle la sagrada comunión. Que posteriormente siguió una larga correspondencia con el fraile, y en ella le indicaba el religioso, que Dios se le había aparecido y hablado, mandole, que le enviase algunas formas consagradas, para que en un relicario las llevase siempre consigo. Que no habiendo podido hacer el relicario, el fraile le remitió en una cajita de madera, nueve hostias, advirtiéndole, que allí iba encerrado el niño Jesús; por lo cua1, desde entonces, creyendo en su sencillez no cometer sacrilegio alguno, le acompañaba la cajita, llevándola. siempre consigo, hasta en los instantes que consagraba al sueño, y dirigiéndole cariñosas palabras.

Esta estraña relación, hija de un cerebro enfermo, fue consignada en el libro de testificaciones,  recogiendo el Santo oficio las especies consagradas, y dejando olvidado el suceso, sin darle más importancia.

Pero, algunos años después, creciendo en santidad la fama de Dña. Ana, el Sr. Obispo que era entonces D. Cristóbal Vela, la escudó con toda su autoridad, y se constituyó defensor y encomiador de sus virtudes.

Por este tiempo, esto es, en 1576 y 1577 el Sr. Obispo tuvo serios encuentros con el Inquisidor, porque se había permitido procesar y encerrar en una prisión al Canónigo Alonso de Valdés, que ejercía el cargo de notario de secretos del Santo oficio.

Tanto el Inquisidor como el Obispo pretendían corresponderle el conocimiento de la causa, y en este conflicto se acudió al Consejo Supremo, de donde vino una instrucción para proceder contra el Prelado, que Fúnez recibió con gran satisfacción, y de la que se dió pública lectura en el Tribunal, el 11 de Abril de 1577.

No nos parece aventurado suponer que el Fiscal, que lo era ya el Bachiller José de Armas, instigado por los Inquisidores, deseosos de mortificar al Sr. Obispo, le mandaran, sacase a su proceso la testificación anterior, y armado con esta declaración de sacrilegio, presentase un escrito furibundo como en efecto lo hizo en Junio de 1580, en el cual acusaba á la pobre é ilusa Sra, de autora y receptadora de herejes, y aprobadora de herjías.

No seguiremos la causa en toda su tramitación, porque ese trabajo lo dejaremos para ocasión más oportuna, y solo diremos ahora, que declararon en su favor las personas principales, que la defendió el Doctor Lercaro; que calificó el proceso el célebre fr. Basilio de Peñalosa; y que enviada á la Suprema, recayó auto absolutorio el 17 de noviembre de 1580, que se comunicó y llegó a Las Palmas en Mayo de 1581.

Preveníase en el auto, que se la pusiese inmediatamente en libertad, y se la restituyese en su buena opinión y fama, de manera que el pueblo entendiera que  en ella no hubo culpa ni otra causa para prenderla, y se añadía en el oficio que acompañaba la resolución del proceso, que se leyera ante las personas más respetables de la ciudad.

Así tuvo lugar en efecto, en los salones de la Inquisición el 24 de Mayo, á presencia del Tribunal, del Fiscal Armas, y de los eclesiásticos D. Pedro de León Maestrescuela, D. Cristóbal del Castillo Maldonado, Prior, D. Pedro Salvago, arcediano de Fuerteventura D. Bartolomé Cairasco, D. Ambrosio López, Licenciado Gustillo, y Alonso de Valdés, canónigos, y de los vecinos Gaspar de Olivares regidor, Bernardino Riveról, Bernardino García y Lorenzo de Palenzuela.(Agustín Millares Torres; 1981)

Como éstas versaban, con pocas excepciones, sobre atentados contra el pudor, y abuso en el ejercicio de sus tareas espirituales, no nos es posible entrar en pormenores, que sin  embargo, podrían adivinar fácilmente nuestros lectores.

Más, para que nada de lo que adelantamos en esta obra pueda quedar sin compro-bación, diremos, con relación á esta época, y á esta clase de procesos, que uno de los más notables fue el que se siguió al padre fray Pedro de Hinojosa, del convento de San Francisco de Las Palmas, por solicitaciones en el confesionario.

Dió principio la causa por denuncia del fiscal, en echa 15 de Diciembre de 1579, quedando concluso en los días siguientes; oyéronse algunas testigos, hijas de confesión del fraile, entre las cuales las había solteras, casadas y viudas. En sus declaraciones no vacilaron todas en dirigir estupendas acusaciones al reo, que siempre calificó sus dichos de odiosas calumnias de sus enemigos.

Por las razones que antes hemos expuesto, nos abstendremos de insertar aque1las declaraciones, ni aun los versos que constan en la causa, y que les dirigía a algunas  al- dar la absolución, concluyendo por decir, que estuvo siempre negativo, aunque á pesar de ello fuera condenado por el Santo oficio, a que, en presencia de los Prelados de las órdenes, de sus compañeros y de los curas de la parroquia, se leyese su sentencia.

En ésta se mandaba, que fuese severamente reprendido, que abjurase de levi, que se abstuviese de confesar hombres y mujeres; que estuviese recluso tres años en un convento, privado dicho tiempo de voto activo y pasivo; que fuese el último del Coro y refectorio, y por último que se le diese disciplina en el Capítulo de su convento, á presencia del Guardian y de los frailes, sus hermanos.

Consta de la causa que e12 de Mayo de 1584 cumplió su reclusión en el convento de San Francisco de la Laguna, pero no que saliera en ningún auto.(Agustín Millares Torres; 1981)

1572 Abril. Siguen las correrías de los Corsarios franceses en las Islas Canarias. En Abril, un Corsario Hugonote desembarca con 70 hombres en las isla de Titoreygatra (Lanzarote) y se enfrenta a las Milicias de la isla las cuales estaban bajo al mando del colono Don Agustín de Herrera. El Corsario lleva la peor parte, el conde le da muerte y 20 de sus hombres son capturados, siendo los demás puestos en fuga, huyendo hacia su barco.
 
En el mes de mayo del mismo año, 4 Naos francesas desembarcan 300 hombres en la misma isla con el objeto de liberar a sus camaradas, que mientras tanto habían logrado fugarse robando una embarcación. De Titoreygatra (Lanzarote) pasan a la Gomera con la esperanza de sorprender a alguna de las naves de la Flota de Indias que al mando del Capitan General Juan de Alcega había arribado al puerto de la Villa de Ipalam (San Sebastián).

Tras verse frustado este proyecto ya que la Flota había partido hacia el Puerto de Winiwuada n Tamaránt (las Palmas de Gran Canaria), capturan en el sur de esa isla al barco del Capitán Juan Gallego donde viaja el inquisidor español Pedro Ortiz de Funes, comisionado para el rescate de cautivos en el continente.

1572 Abril 2.
Volvieron a reanudarse las operaciones militares contra el Archipiélago por parte de los corsarios hugonotes. En abril de 1572 un navío corsario se presentó delante de la isla de Lanzarote, en cuyas costas desembarcó 70 hombres. Al instante las milicias, capitaneadas por el conde don Agustín de Herrera y Rojas, acudieron al palenque, y en breve espacio de horas dieron muerte a su jefe, mientras capturaban 20 prisioneros y obligaban a reembarcar a los restantes. Sin embargo, el buen trato de los lanzaroteños con los franceses fué una vez más escasamente agradecido, pues los corsarios supieron aprovecharse de él para preparar días después la fuga, que fué coronada por el éxito.

Un mes más tarde, en mayo de 1572, otras cuatro naos francesas atacaron la isla de Lanzarote, poniendo en tierra 300 hombres que penetraron hacia el interior, hostil izados sin tregua en sus flancos por las milicias isleñas. Parece ser que el objeto de los expedicionarios, aparte las acostumbradas depredaciones y robos, era rescatar a los 70 franceses de la anterior incursión, que juzgaban todavía prisioneros, y que al enterarse de su liberación decidieron reembarcar para seguir merodeando por las aguas insulares en busca de alguna buena presa. De Lanzarote los corsarios se dirigieron a La Gomera, en cuyas costas capturaron algunas barcas de pescadores, siendo testigos de la parsimoniosa entrada en San Sebastián de la imponente flota de Indias, que, al mando del capitán general Juan de Alcega, fondeó con sus 11 navíos en la bahía al resguardo
de sus propios cañones y los de la Torre del Conde.

En efecto, habiendo zarpado Juan de Alcega de Sanlúcar de Barrameda en los primeros días de junio de 1572 (mientras quedaba rezagado en el puerto andaluz su almirante don Antonio Manrique de Lara con el resto de la flota), la citada división de la misma fué divisada por los atalayeros del Puerto de la Luz en la madrugada del sábado 21 de junio del año citado, mientras en la ciudad, con motivos sobrados de alarma por la reciente presencia de corsarios y piratas en sus aguas, eran dadas las señales acostumbradas de rebato, y acudían al puerto todas las compañías de milicias, llevando a su frente al gobernador Juan Alonso de Benavides y al capitán general Pedro Cerón.

Tropezando la flota de Indias con tiempo adverso no pudo ganar el Puerto de la Luz, pues permanecieron los navíos en maniobras por espacio de dos días sin alcanzar su propósito, dando entonces órdenes el capitán general Alcega de dirigirse a San Sebastián de La Gomera para hacer la aguada de costumbre y reponerse de víveres.

De esta manera, las milicias de Gran Canaria no supieron la verdad de lo ocurrido hasta el martes 24 de junio de 1572, día en que el almirante de la flota, don Antonio Manrique, fondeó en el Puerto de las Isletas con otros cuatro navíos, mientras otros cinco más, procedentes de Cádiz, lo hacían el miércoles siguiente. La presencia de la segunda división de la flota despertó el mismo temor y alarma que la primera, aunque pronto las señales pacíficas de los navíos llevaron de nuevo la calma a las aguerridas huestes movilizadas por el capitán general Cerón.

Mientras tanto, el capitán general Alcega permanecía en San Sebastián de La Gomera, espiado de cerca por los piratas franceses, impotentes para atacarle en conjunto, pero siempre avizores para caer sobre alguna embarcación rezagada. Ello dió pie al almirante Manrique de Lara para proseguir la travesía por el Atlántico, mientras dejaba en Las Palmas pliegos secretos con el derrotero a seguir, aunque bien es verdad que pocos días más tarde Juan de Alcega, después de haber rendido por cansancio a los corsarios, pudo seguir también sin contratiempos su travesía abandonando el puerto gomero. (En: A. Rumeu de Armas, 1991)

1572 Abril 10.
CONTRATO  PARA MATAR TRES PERROS SALVAJES QUE ANDAN EN EL BARRANCO DE GUAYADEQUE.
Agüimes.  “Juan Rodríguez de Cubas, Cristóbal Hernández,  Bartolomé de Casorla y Juan López el Mozo, como criadores y vs. de la villa, deben  pagar a Juan de la Peña, v.º de la villa, 12 dbs. para que mate a tres perros salvajes (dos machos y una hembra  –uno  de color encerado, el otro y la hembra  de color bermejo)   que   matan   el  ganado   salvaje  y  andan   en   el  Barranco   de Guayadeque. Ha de matarlos de hoy en treinta días, entregándoles  los cueros de las cabezas, con las orejas, de los perros. Si no los mata a los tres en ese plazo, sino uno o dos de ellos, sólo le pagarán a 4 dbs. por cada uno.
Ts.: Martín  de Mireles, Alonso Casado, Francisco Hernández,  vs. de la villa.- A ruego y por testigo, Martín de Mireles.” (Rafael Sánchez Valerón y Felipe Enrique  Martín Santiago. Génesis y desarrollo de Ingenio durante el siglo XVI)

1572 Mayo.
Conocemos por un proceso de la Inquisición que por el mes de mayo de 1572 zarpó de la isla de Wigth un navío de 30 toneladas apodado El Dragón  propiedad, según la confusa ortografía española, de Enrique y Tomás Huic y de Enrique Cleitrquey, con el propósito de dirigirse a las Indias Occidentales. A su paso por Canarias los ingleses desembarcaron en Tenerife para hacer aguada y recoger vituallas dirigiéndose seguida-mente aun puerto inidentificable, Florin, al parecer en las cercanías de Cartagena de allí los ingleses establecieron relaciones con otros compatriotas suyos naturales de Plymouth, a los que llaman los documentos españoles Francisco Egrey y Juan de Egrey (¿acaso Francis y John Drake?)  que con otras dos embarcaciones se dedicaban a iguales menesteres. Los piratas, después de robar dos o tres fragatas españolas y recorrer las costas de Nicaragua, arribaron a la isla de Cuba, en la que desembarcaron algunos de los prisioneros, prosiguiendo su navega ción de retorno con dirección a Inglaterra.

A la altura de las Canarias un fuerte temporal separó al navío británico de una de sus presas, y entonces, confabulados los prisioneros de la fragata española contra sus guardianes, lograron en un golpe de audacia desarmar a los ingleses, dirigiéndose entonces a Lanzarote y Fuerteventura, en cuyo Puerto de Cabras desembarcaron con el único superviviente inglés, Robert Octon, a quien entregaron a las autoridades.

La posesión del navío, trasladado al puerto de Salinas, en Gran Canaria, dio luego pie a las disputas del juez de Registros de Indiag y de los inquisidores, interesados en incautarse por contrapuestas razones de la embarcación apresada.

Por esta misma fecha tres navíos ingleses de piratas luteranos hostilizaron en distintos días a las poblaciones costeras de la isla de El Hierro, robando y profanando imágenes y objetos del culto. Además, distrisbuyeron por doquier panfletos protestantes en los que recomendaban a los naturales "que fuesen evangelistas y no papistas". En: A. Rumeu de Armas, 1991)

No hay comentarios:

Publicar un comentario